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    • TABLILLA 01. «El poder sistémico»
    • TABLILLA 02. «La amenaza individual»
      • Pág. 31
      • Pág. 32
      • Pág. 33
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      • Pág. 49
      • Pág. 50
      • Pág. 51
      • Pág. 52
      • Pág. 53
      • Pág. 54
    • TABLILLA 03. «La amenaza de lo colectivo»
      • Pág. 55
      • Pág. 56
      • Pág. 57
      • Pág. 58
      • Pág. 59
      • Pág. 60
      • Pág. 61
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      • Pág. 66
      • Pág. 67
    • TABLILLA 04. «Sueños y presagios»
      • Pág. 68
      • Pág. 69
      • Pág. 70
      • Pág. 71
      • Pág. 72
      • Pág. 73
      • Pág. 74
      • Pág. 75
    • TABLILLA 05. «La proeza: el monstruo Humbaba»
      • Pág. 76
      • Pág. 77
      • Pág. 78
      • Pág. 79
      • Pág. 80
      • Pág. 81
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      • Pág. 89
    • TABLILLA 06. «Ishtar y el toro celeste»
      • Pág. 90
      • Pág. 91
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      • Pág. 100
      • Pág. 101
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      • Pág. 104
    • TABLILLA 07. «Sueños y agonía de Enkidu»
      • Pág. 105
      • Pág. 106
      • Pág. 107
      • Pág. 108
      • Pág. 109
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      • Pág. 125
      • Pág. 126
    • TABLILLA 08. «Lamentos y exequias por Enkidu»
      • Pág. 127
      • Pág. 128
      • Pág. 129
      • Pág. 130
      • Pág. 131
      • Pág. 132
      • Pág. 133
      • Pág. 134
    • TABLILLA 09. «El jardín encantado»
      • Pág. 135
      • Pág. 136
      • Pág. 137
      • Pág. 138
      • Pág. 139
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      • Pág. 144
    • TABLILLA 10. «Los de las piedras»
      • Pág. 145
      • Pág. 146
      • Pág. 147
      • Pág. 148
      • Pág. 149
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      • Pág. 158
      • Pág. 159
      • Pág. 160
    • TABLILLA 11. «El diluvio»
      • Pág. 161
      • Pág. 162
      • Pág. 163
      • Pág. 164
      • Pág. 165
      • Pág. 166
      • Pág. 167
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      • Pág. 173
      • Pág. 174
      • Pág. 175
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    • TABLILLA 12. «Final»
      • Pág. 178
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  • Gilgamesh,
    ese héroe de nuestros días:

    el nacimiento de la epopeya digital
    José Manuel Lucía Megías

    Catedrático en Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid

    En los manuales de literatura siempre se explica la epopeya como el género literario narrativo que relata, generalmente en verso, las hazañas extraordinarias de un héroe vinculadas a los orígenes, valores o destino de una comunidad.

    Así lo estudiamos en su momento, así lo seguimos explicando en nuestras aulas y así nos lo recuerda la inteligencia artificial, que para eso es el loro actual que ha terminado por ser nuestra peor competencia docente.

    Pero hay algo que me vale de esta definición, de este texto generado por Chatgpt, que, por otro lado, no es más que un corta y pega estupendo de tantos manuales que se han escrito a lo largo y ancho de nuestra ciencia durante siglos.

    Y rescato tres conceptos en su orden de importancia como lectores, como receptores de estas narraciones, de estos particulares relatos, desde los orígenes de los tiempos (Gilgamesh) hasta la Edad Media (Roldán o el Cid Campeador), ahora tan reivindicado por las
    hordas
    de nuestros tiempos.

    Héroe.

    Hazañas extraordinarias.

    Valores y destino de una comunidad.

    Y es que. en realidad, en las epopeyas lo que menos importa es el héroe (mera marioneta del sistema de poder para perpetuarse, para mostrar modelos imposibles que se presentan como «naturales», como «necesarios», como «indispensables», como «obligatorios»). El héroe es solo un cuerpo, la posibilidad de que una idea pueda compartirse con facilidad y con utilidad.

    Un «simple objeto de deseo».

    ¿Estoy co-si-fi-can-do al héroe, a las decenas de héroes épicos que pululan en nuestras epopeyas de todos los tiempos?

    POR SUPUESTO.

    Los
    porque son tan patriarcales como un pepino o una barra de pan -por no hablar de los calabacines o las berenjenas…

    Por otro lado, sus hazañas extraordinarias (que para eso es un héroe
    y no un humano)
    son el medio perfecto que las narraciones épicas descubrieron para que no abandonáramos la historia, para que siguiéramos teniendo abiertos

    los oídos para escuchar
    los ojos para leer
    la boca para repetir
    el cerebro para memorizar.

    Y así hacer de estas aventuras, del éxito del héroe en todas ellas  —con más o menos heridas, dependiendo del grado artístico de cada texto, de cada tradición literaria y cinematográfica— un acicate para conocer la siguiente… Y el héroe, que para eso es un héroe, siempre vencerá…

    Pero ¿y si en la siguiente hazaña extraordinaria no lo hace?

    Y en esta duda —y en la satisfacción de haber fallado— se basa una de las claves de su éxito.

    En el fondo, desde hace milenios, a los mortales nos apasionan los relatos épicos porque albergamos la lejana, lejana, lejanísima esperanza de que el héroe termine por fallar y ser vencido en una de sus hazañas extraordinarias. Y tan solo esta esperanza, esta lejana, lejana, lejanísima esperanza explica su éxito a lo largo de los siglos. Su éxito en la época actual. En tantas y tantas hazañas extraordinarias que vemos, que deseamos y que nos hacen tragar tanto en las redes sociales como en las plataformas digitales.

     

    Pero el héroe y las hazañas extraordinarias son solo el medio para que el poder —el poder en cualquier tiempo y en cualquier imperio, el poder que solo busca la inmortalidad, la pervivencia, la destrucción del tiempo, como un nuevo Crono comiéndonos en el scroll

    .

    .

    .

    de nuestra curiosidad—, para conseguir su finalidad: imponernos unos valores convertidos en el destino de una comunidad.

    Y así desde hace cuatro milenios antes de Cristo y así otros dos milenios después de Cristo.

    Y así

    Por eso Gilgamesh siempre vuelve.
    Por eso Gilgamesh nunca se ha ido.

    Por eso Gilgamesh estaba esperando un nuevo poeta para que cantara sus hazañas extraordinarias dentro de unos nuevos valores para
    el destino de nuestra comunidad postcapitalista.

    Por eso Gilgamesh ha encontrado a un poeta llamado Benjamín Escalonilla para devolverle un cuerpo de letras e imágenes y así reproducir sus hazañas.

    Un poeta, un autor, un diseñador y un creador digital que ha inaugurado con este texto un nuevo género: la epopeya digital. Benjamín Escalonilla crea algo nuevo partiendo de los más antiguo, de la primera de las epopeyas y de uno de sus héroes fundacionales: Gilgamesh. 

    Y si Benjamín Escalonilla hubiera «transformado» la epopeya de Gilgamesh en un relato digital, cambiando su medio de difusión (la epopeya descubierta en el siglo XX ha sido difundida en libros impresos, alejada de su primera naturaleza oral), ya hubiera sido un gran acierto.

    Pero Benjamín Escalonilla va más allá.

    Siempre el escritor, el poeta tiene que ir más allá.

    Las tablillas sumerias de hace miles de años se han convertido en bits digitales que no dejan indiferente al lector, a este lector que ha transitado

    miles y miles de

    para volver a ver a Gilgamesh, para volver a ver al héroe de la epopeya adentrarse en nuestro tiempo para intentar hacer y hacerse al mismo tiempo.

    Benjamín Escalonilla ha escrito la primera epopeya digital no porque haya reutilizado los mismos héroes, personajes y hazañas extraordinarias de la primera epopeya conocida.

    Todo lo contrario.

                Benjamín Escalonilla ha escrito la primera epopeya digital porque ha sido capaz de hacernos reflexionar —como todo buen texto literario lo hace— sobre nuestra época, sus nuevos valores y nuestro nuevo destino postcapitalista.

    ¿Cuáles son los nuevos valores?

    ¿Cuál el nuevo destino de nuestra comunidad?

    Ahora estás a punto, curioso lector, de responder a estas preguntas, de adentrarte en una nueva forma de conocer y de conocerte en este mundo cambiante en que estamos (sobre)viviendo… ¡o quizás no!