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    • TABLILLA 01. «El poder sistémico»
    • TABLILLA 02. «La amenaza individual»
      • Pág. 31
      • Pág. 32
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      • Pág. 49
      • Pág. 50
      • Pág. 51
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      • Pág. 53
      • Pág. 54
    • TABLILLA 03. «La amenaza de lo colectivo»
      • Pág. 55
      • Pág. 56
      • Pág. 57
      • Pág. 58
      • Pág. 59
      • Pág. 60
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      • Pág. 65
      • Pág. 66
      • Pág. 67
    • TABLILLA 04. «Sueños y presagios»
      • Pág. 68
      • Pág. 69
      • Pág. 70
      • Pág. 71
      • Pág. 72
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      • Pág. 74
      • Pág. 75
    • TABLILLA 05. «La proeza: el monstruo Humbaba»
      • Pág. 76
      • Pág. 77
      • Pág. 78
      • Pág. 79
      • Pág. 80
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      • Pág. 89
    • TABLILLA 06. «Ishtar y el toro celeste»
      • Pág. 90
      • Pág. 91
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      • Pág. 100
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      • Pág. 104
    • TABLILLA 07. «Sueños y agonía de Enkidu»
      • Pág. 105
      • Pág. 106
      • Pág. 107
      • Pág. 108
      • Pág. 109
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      • Pág. 126
    • TABLILLA 08. «Lamentos y exequias por Enkidu»
      • Pág. 127
      • Pág. 128
      • Pág. 129
      • Pág. 130
      • Pág. 131
      • Pág. 132
      • Pág. 133
      • Pág. 134
    • TABLILLA 09. «El jardín encantado»
      • Pág. 135
      • Pág. 136
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      • Pág. 144
    • TABLILLA 10. «Los de las piedras»
      • Pág. 145
      • Pág. 146
      • Pág. 147
      • Pág. 148
      • Pág. 149
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      • Pág. 159
      • Pág. 160
    • TABLILLA 11. «El diluvio»
      • Pág. 161
      • Pág. 162
      • Pág. 163
      • Pág. 164
      • Pág. 165
      • Pág. 166
      • Pág. 167
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      • Pág. 175
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    • TABLILLA 12. «Final»
      • Pág. 178
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  • Gilgamesh ha tenido un mal sueño después de una cena excesiva en casa de su madre, donde se ha quedado a dormir:

    La escala de Gilgamesh cuesta encorsetarla en nuestras cabecitas, como cuesta hablar de países, números milmillonésimos o porcentajes del PIB; así pues, para referenciar a términos humanos, diremos que si Gilgamesh fuese como nosotros, como Alfredo, Soraya o Ñaca, ayer mismo se habría cenado diez o doce mil hectáreas de selva y ciento treinta y siete millones de pollos. Gilgamesh es brutal cuando está con ansiedad. Es tremendo. Insaciable.

    Y claro, por la noche ha tenido un sueño pesado, ha sufrido una pesadilla, pobre Gilga, ¿por la indigestión? 

    Se especula, se rumorea que…:

    Barrunta la inminencia de Enkidu. 

    El caso es que…

    ha soñado con colectivos y mensajes contra el individualismo y grafitis que ridiculizaban tiempo, Dios y al propio dinero. Ay horror, tumbado boca arriba ha soñado con lo inmaterial; y ha llorado, lloraba en sueños. Sus lágrimas le corrían mejillas abajo y resbalaban hasta las orejas, empapándole su inmaculada y tersa tez.

     

    De lo insoportable que resultaba, ha sufrido un desgarro onírico que le ha llevado a despertar voz en grito. Un grito áspero, enorme, de interminables decenas de segundos; y al griterío ha llegado ella, Ninsun, su madre. Ya la tiene ahí y al pie de la cama le consuela, le sabe consolar, ea, Gilga, de verdad… No sufras, hijo, no sufras, solo ha sido un mal sueño.
    Sí.
    Solo un sueño.
    Pero los sueños no son solo sueños, madre, por algo se sueñan, me lo has dicho siempre.
    Así es, se les debe saber escuchar porque son aviso, pero ea, Gilga, puedes estar tranquilo, tornarás tus preocupaciones en aliados… como hemos hecho siempre, ¿recuerdas?
    Recuerdo.
    Pues eso.
    GRACIAS, madre.
    ¿Sientes consuelo?
    Lo siento.

    Antes del enfrentamiento con Gilgamesh, Enkidu se da una pausa; ha conocido a alguien, quiere disfrutar del sexo. Un carnaval de pasión sensorial previo a la pasión de la violencia y el dolor. Y así, se pone la rueda definitivamente en marcha.

    La inercia parece haberse aliado con Enkidu.