Volver a: Protegido: Gilgamesh.
«El que contempló el abismo, los cimientos del país,
el que todo conoció y en todo era sabio…*»
Mírale dando un salto colosal, mírale suspendido por encima de las nubes, tapando el sol. Mírale sostenido en las alturas, su pelo seseando los vientos y su mirada barriendo nuestros rascacielos, azoteas, casuchas y chabolas; nuestra postura gacha a su sombra, a la sombra de esta bestia de poder, de jerarquía, de arriba-abajo, Gilgamesh, el que embaza y maravilla, .
Ahí Gilgamesh, sentando en las alturas.
Al inspirar genera remolinos y distorsiona el clima, su piel refleja el sol en un resplandor pálido que daña la vista, su imagen en lo alto, negando gravedades, negando la razón, produce magnitud en los pensamientos y azora nuestro sentir, que le envidia y le aspira.
En esta epopeya Gilgamesh representa el poder. Lo ha representado siempre. Siempre son cuatro mil quinientos años.
Alrededor del año 2.500 a.C., se grabó en arcilla en preciosa escritura cuneiforme El poema de Gilgamesh, el poderoso rey de Uruk. Una figura de poder y privilegio que nunca ha muerto. A lo largo del tiempo Gilgamesh ha representado/existido en tantos otros poderes.
Gilgamesh ha sido reinas y faraones, dictadores y emperadores, CEO de multinacionales o ideólogo del patriarcado, presidenta, ministro, máxima accionista, masa enfurecida de los grandes fondos de inversión, capitalista liberal, influyente… Así ha seguido hasta hoy, oh, Gilgamesh entre nosotros.
Es.
2.500 a.C., tablilla 1. El poema de Gilgamesh.
Ahora desciende de su salto, ahora permite que la fuerza gravitatoria le atraiga. Ya vuelve de su arriba. Su piel refulgente. Se escuchan onomatopeyas y se admira el brilli brilli de su insaciable~.
*«El poema de Gilgamesh» (p. 103, Ed. Cátedra).