Volver a: Gilgamesh.
Ñaca, el/la influencer, ha iniciado esta semana una relación con Alfredo y Soraya, pareja consolidada que se ha abierto al trío.
Para Ñaca y la pareja, es la primera vez que ocurre algo así. Ellos están en ese % de personas que hacen consultas sexuales; en su caso, porque follan poco. Hasta hoy, que los tres se han disfrutado mutuamente, twice. Volverán a quedar el miércoles.
Enkidu está recostado sobre grandes-rojizas-piedras-planas con vistas a un acantilado; su vello vibra al viento, como su cabello y sus pestañas. Abraza sus rodillas en una posición infantil que le imprime un aire simpático; viste ropa escasa; su piel es gruesa y firme. Transmite la prestancia de quien tiene seguridad en sí mismo. Mientras abraza sus rodillas, parte con los dientes y con las uñas blanquísimas pipas de calabaza que se va comiendo, una a una.
Así es la imagen de Enkidu en estos pequeños, múltiples, nuevos y variopintos vídeos que corren por aquí y por allá. Está hablando a cámara:
«La narrativa de Gilgamesh es simple y por eso funciona. Es miedo. Es deseo. Es yo. Mucho yo, yo, yo. Apela al individualismo primario y denosta la agrupación colectiva por conveniencia: uno solo es incapaz de derrotarle».
Y sigue:
«Si no conviniese que el sol ardiera, el sol no sería bola y no ardería; se diría, por ejemplo, que es agujero hacia un lugar con luz. Así es como suele razonar el poder».
Soles que no arden.
Hay otros vídeos de Enkidu, con versiones de ese mismo mensaje:
«La narrativa de Gilgamesh se amolda a sus intereses hasta el absurdo, como cuando consigue que las gentes crean que su principal problema son los migrantes pobres y no las élites ricas que acumulan cada vez más».
Ñaca también ha difundido este vídeo en sus canales, con un rótulo de su propia cosecha sobreimpreso: El poder de la distracción para perpetuarse. Al terminar, nos cuenta una historia sobre el Gilgamesh adolescente:
«¿Cómo hacerlo? ¿Cómo pondré a la gente de mi parte?», le pregunta a Ninsum, su madre.
Ella alza la voz: «Hijo, ya tienes edad para saber estas cosas».
Y, como no lo sabe, lo castiga sin postre. Ese día hay tarta de frambuesas, hecha con capas crujientes de hojaldre, nata fresca y crema, de una pastelería con nombre de isla. Su favorita.
https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2023/12/06/65708beb21efa0e2318b4588.html
https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cuesta-vez-prosperar-no-culpa-inmigrantes-pensionistas_129_12614866.html