Volver a: Protegido: Gilgamesh.
Volvamos a ese nombre, Enkidu, personaje capital en esta epopeya, primero de los monstruos que asomará su fuerza por estas páginas.
Porque si Gilgameshes han existido siempre, rebeldes también. Y Enkidu es un rebelde con un nombre difícil, como su rostro, sus cicatrices; es un monstruo difícil y temible, hastiado de tanto pavoneo elitista, de tanto oír hablar desde lo alto; ¿de dónde surge ese derecho de Gilgamesh para mirarnos desde tan arriba, para influir e inclinar nuestro pensamiento a través de sus múltiples medios? Pónganse límites.
Enkidu se está haciendo popular a través de sus vídeos, en los que denuncia tanto condicionamiento, tanto hábito que se nos ha inculcado; y con esos vídeos ha captado nuestra atención y generado ese deseo de reenviar y compartirlos con amigos y conocidos.
¿Qué nos dice Enkidu en esos vídeos, con qué palabras se rebela? Conozcamos un poco a esta bestia, si es que conocer es un verbo adecuado para lo bizarro e inasible.
En el último vídeo, Enkidu susurra un susurro donde se escucha bajito, pero claro y vibrante ese mensaje que repite una y otra vez: somos súbditos y títeres de la élite.
«Gilgamesh dicta nuestro estar tal y como nos lo han dictado desde hace cuatro mil quinientos años: de esa forma vaga, tan suya, tan insinuante. Y ese dictado es de una metafísica implacable que nos maneja en nuestro cómo vivir y para qué vivir, cuánto trabajar y en qué, cuál modelo económico y de teléfono, qué ancho del pantalón llevar, de qué deporte fanatizarse, a qué edad procrear, por cuánto hipotecarse y para qué… Somos súbditos y títeres de la élite».
En otro de sus vídeos:
«Sabemos que Gilgamesh roza la vida eterna;
lo sabemos porque gracias a las tablas sumerias tenemos constancia suya, desde siempre. Porque siempre ha existido el poder. El arriba. Siempre arriba. A veces muy alto, otras no tanto. Y de eso se trata.
Esto es lo importante.
Se trata de poner límites a esa altura. De contrarrestar su narrativa, de evitar esa confusión original que se nos dicta desde la cuna según la cual nos parece imposible bajarle o incluso creemos mejor auparle aún más alto. Se trata de ponerle límites al poder para que nosotros, la mayoría, el resto, vivamos mejor».
Esto susurra Enkidu, y esto es lo que escuchan violentas multinacionales mientras se ponen en guardia.
https://boycott-israel.org/boycott.html