M
"
  • 0%
    • Índice
      • Primavera en Barcelona
      • Primavera en Barcelona_2
      • Primavera en Barcelona_3
      • Primavera en Barcelona_4
      • Velada de aclaraciones
      • Velada de aclaraciones_2
      • Velada de aclaraciones_3
      • Velada de aclaraciones_4
      • El viaje
      • El viaje_2
      • ¡TAXI!
      • ¡TAXI!_2
      • Albacete, siempre…
      • Albacete, siempre…_2
      • Albacete, siempre…_3
      • Cables e interruptores
      • Cables e interruptores_2
      • Cables e interruptores_3
      • Capital mundial del antifascismo
      • Capital mundial del antifascismo_2
      • Capital mundial del antifascismo_3
      • Capital mundial del antifascismo_4
      • Capital mundial del antifascismo_5
      • Ascenso al Olimpo
      • Ascenso al Olimpo_2
      • Ascenso al Olimpo_3
      • Ascenso al Olimpo_4
      • El Cóndor pasa
      • El Cóndor pasa_2
      • El Cóndor pasa_3
      • Dentro del círculo
      • Dentro del círculo_2
      • Dentro del círculo_3
      • Travesía
      • Travesía_2
      • Travesía_3
      • El amor inserto en…
      • El amor inserto en…_2
      • El amor inserto en…_3
      • Reencuentros
      • Reencuentros_2
      • Reencuentros_3
      • Adaptación e integración
      • Adaptación e integración_2
      • Adaptación e integración_3
      • Conversaciones con la bruja
      • Conversaciones con la bruja_2
      • Conversaciones con la bruja_3
      • Matildes
      • Matildes_2
      • A Moscú
      • A Moscú_2
      • A Moscú_3
      • Los problemas despiertan
      • Los problemas despiertan_2
      • Los problemas despiertan_3
      • Huída por el interior…
      • Huída por el interior…_2
      • Huída por el interior…_3
      • Otras miradas
      • Otras miradas_2
      • Regreso a casa
      • Regreso a casa_2
      • Regreso a casa_3
      • Retorno al lugar de los hechos
      • Retorno al lugar de los hechos_2
      • Decepciones
      • Decepciones_2
      • Decepciones_3
      • Decepciones_4
      • Decepciones_5
      • La movilización de lo inmóvil
      • La movilización de lo inmóvil_2
      • La movilización de lo inmóvil_3
      • Pasión a tiros
      • Pasión a tiros_2
      • Pasión a tiros_3
      • Pasión a tiros_4
      • Pasión a tiros_5
      • Avance en la investigación
      • Avance en la investigación_2
      • Avance en la investigación_3
      • Avance en la investigación_4
      • La naturaleza de la traición
      • La naturaleza de la traición_2
      • La naturaleza de la traición_3
      • Luz al final del túnel
      • Luz al final del túnel_2
      • Buscando un sitio
      • Buscando un sitio_2
      • Buscando un sitio_3
      • Buscando un sitio_4
      • Buscando un sitio_5
      • Buscando un sitio_6
      • Carne de tu carne
      • Carne de tu carne_2
      • Carne de tu carne_3
      • Carne de tu carne_4
      • A punto de caramelo
      • A punto de caramelo_2
      • A punto de caramelo_3
      • Reencuentro
      • Reencuentro_2
      • Reencuentro_3
      • La ingeniería de los conflictos
      • La ingeniería de los conflictos_2
      • La ingeniería de los conflictos_3
      • Apareció el peine
      • Apareció el peine_2
      • Apareció el peine_3
      • Pasternak como cebo
      • Pasternak como cebo_2
      • Pasternak como cebo_3
      • Pasternak como cebo_4
      • Lo definitivo
      • Lo definitivo_2
      • Lo definitivo_3
      • Hora de morir
      • Hora de morir_2
      • Hora de morir_3
      • Hora de morir_4
      • Hora de morir_5
      • La mañana
      • Retorno a Albacete
      • Retorno a Albacete_2
      • Retorno a Albacete_3
      • Retorno a Albacete_4
      • Epílogo
      • Epílogo_2
      • Epílogo_3
      • Documentación y agradecimientos
      • Fin
  • El chófer de muertos era una personalidad relevante en la Casa del Pueblo. Todo el mundo lo conocía por Salustiano “el Fiambres” o, para abreviar, “Fiambres” a secas. Controlaba a la mayoría de los enlaces del sector de pompas fúnebres de Barcelona, y tanto las malas lenguas como las buenas decían que no se movía un muerto de la Ciudad Condal sin que él lo supiera u ordenase. A pesar de no ser de Albacete, cumplió con la promesa y vino a vernos. Habían permitido a mi madre quedarse esperando a Salustiano, y mientras aguardaba y me daba de mamar, a ella, en poco más de tres horas, le dieron la comida, la afiliaron al sindicato y la metieron en un aula donde otros hombres y mujeres como ella, quiero decir tan analfabetos como ella, daban sus primeros pasos en el maravilloso y complejo mundo de la lectoescritura. A mí me dejaron en una guardería montada a tal efecto en los bajos de la Casa del Pueblo y atendida por, al parecer, hermosas voluntarias de la lucha por el progreso del proletariado. El Fiambres escuchó con paciencia toda la historia que mi madre tenía que contar acerca de nuestra emigración fallida a Barcelona, del trabajo que Hortensio venía a ocupar en la Hispano Suiza y, sobre todo, de la dificultad de retornar a Albacete tras su muerte. Salustiano dudó algunos minutos, y tras reflexionar, preguntó a mi madre que qué tal se le daba la cocina. Al parecer había una tasca cerca en dónde necesitaban una ayudanta. Hasta que nos instalásemos podríamos dormir en la Casa del Pueblo y en la guardería se harían cargo de mí.