Volver a: Círculo recreativo
Confieso que si la anécdota con la salmantina me hubiera pasado el día que vi Azul, habría aceptado ir a su casa para comprobar si tenía el pelo del resto de su cuerpo igual de rizado que la melena. Pero en primero de carrera ni yo creía en la reencarnación, ni me llamaba Federico, ni me gustaban las tías.
Sin embargo aquella noche, en el vestíbulo de los cines Renoir, tras llorar a causa de la pobre Juliette y cachonda perdida por su cuerpo gabacho lleno de matices, no me estaba esperando una sicalíptica morenaza castellano-leonesa; muy al contrario y para mi decepción, al llegar a la zona de taquillas me incomodó sobremanera que aquel señor mayor, flaco y calvo, anduviera penetrándome descaradamente y sin ningún disimulo o reparo con su único ojo, pues era tuerto y en la cuenca del izquierdo llevaba un nada discreto pero interesante parche de fieltro negro. Digo penetrar y digo bien, porque la ojeada que me echó el carcamal no era la habitual que hace cualquier salido cuando te desnuda con la mirada. No. El tuerto echaba un lisiado vistazo más allá del envoltorio, más allá de mi apariencia como Encarna, más allá de lo que alguno denominaría alma. Ya estaba yo abriendo la mano y cogiendo carrerilla para darle a aquel tipo lo suyo cuando, sin ningún pudor, se acercó dirigiéndose a mí con una confianza que parecíamos tener pero que ni yo le había dado, ni él, que yo supiera, se había tomado en el pasado. Curiosamente me atacó un acceso de hipo; ¡qué oportuno!, ¿es que no había otro momento mejor para el asalto a traición de mi diafragma?
—Oye guapa, perdona que sea tan directo, ¿eres una reencarnación?
—¿Una reencarnación?, no buen hombre, a tanto no llego; soy Encarna, ¡a secas! ¡¡¡Hip!!!
—¡Joder que eres una reencarnación!, ¡si se ve a la legua!
—Pero ¡qué dice usted, Polifemo!, ¡¡¡hip!!!, ¿una reencarnación?, a su edad ¡¡¡hip, hip!!! debería ir pensando en dejar el “Supergén”.
—De Madrid no eres porque no te conozco. Estás de paso, ¿verdad?, ¿eres una turista o te acabas de instalar?
—Pero vamos a ver, tío loco, ¡¡¡hip!!!, ¿qué reencarnación ni que niño muerto?
—¡Ah!, pues por el acento de tu hipo sí qué diría que eres de Madrid.
—¡Pues claro que soy del foro, de Campamento ¡¡¡hip!!! para más señas!
—¿De Campamento, con la edad que tienes, y negando ser lo que eres? Imposible, ¡tú vienes de fuera…! Lo que no entiendo es por qué te resistes y niegas lo evidente si sabes que ante nosotros no puedes esconderte… a menos que finjas no saberlo, claro.
—¿Cómo que para nosotros?, ¿es que hay un nosotros?, ¿me está diciendo que usted es también un reencarnado? ¡¡¡hip!!!
Afortunadamente el hipo se fue conforme avanzaba la conversación. Ya había hecho de las suyas y carecía de sentido seguir dando la barrila.
—Cómo, chiquilla, ¿es que no lo notas?