Volver a: Círculo recreativo
…hazme caso. Lo que mola de verdad es reencarnarse —no sé si me escuchaba, pues se acariciaba la hostia con fruición mirando ignoro a dónde— cada vez en un cuerpo distinto. Un inmortal tiene que conformarse con su envoltorio toda la puta vida, porque no lo puede cambiar. No sé, imagina que eres cheposo, paticorto, barrigón…y/o gilipollas, como tú, ¡mira qué casualidad!, por toda la eternidad. ¡No me jodas, menuda putada! En cambio, el que se reencarna siempre mantendrá la esperanza de que, en la próxima, a lo mejor le toca un pellejo mejor que el actual. O peor, quien sabe….
El tipo, doliéndose aún de la mandíbula, no esperó a que terminara mi brillante recesión. Se levantó y me llamó puta, largándose camino de la calle; qué falta de delicadeza. ¡Jódete!, pensé. Jódete y la próxima vez meditas más juiciosamente la tontería que eliges como argumento para ligar.
No es que yo piense que el chorbo que se te acerca con intenciones amatorias o, cuanto menos, follarinas, deba tener un máster por Berkeley y conversar con soltura acerca de Leibniz y sus putas mónadas, sean estas lo que sean, que yo no lo sé. Me conformo con algo más modesto; no pido ni tan siquiera originalidad. ¿Qué fue del estudias o trabajas?, ¿qué fue de las conversaciones fútiles sobre la calidad de la música que el “pincha” pincha?, ¿no era acaso suficiente hablar de pelis, de viajes, de marcas de cerveza o de condones? Pues no, el tontazas ese tenía que acercase a una servidora a tocar los ovarios anhelando la inmortalidad para verme preciosa por los siglos de los siglos, amén; su destino no era otro que venir a mentar la soga en casa del ahorcado.
—Encarna, joder, menuda guasca le has dado al panoli ese en toda la boca. A pesar del chunda chunda, todo el local lo ha visto, pero sobre todo oído.
—Un pollaboba. Que le den.
—Sí, vale, que le den, pero te recuerdo que sigues a dos velas. Y el muchacho no estaba mal del todo. Apuesto la Harley a que callado valía la pena y que entre las piernas tenía sus buenos veinte centímetros.
—¡Pero si tú no tienes moto!
—¡Como que no!, ¿ves ese chorbo de ahí?
—¿El calvo barrigón?
—¡Justo!, pues conduce una Harley que ha puesto a mi disposición, y me voy con él ahora mismo, así que te quedas aquí solita, guapa, que las demás se han pirado ya.