Volver a: Protegido: Gilgamesh.
Antes de que llegue el batalleo y la contienda, si no un ditirambo al menos un algo:
Oh Gilgamesh, propóngase un himno a tu grandeza: un himno sin letra «no osemos ponerte letra», un himno ecléctico, atemporal, enorme como la G de su nombre, de Gigante, de Gordo, de Ganador, G de Gilipollas.
—No estoy de acuerdo.
—Tienes razón.
Música himno en honor de gigamesh:
Cántese, trapéese:
Gilgamesh, AQUEL,
quien encarna nuestras codicias y recelos, quien conoce nuestro dentro, quien se desenvuelve con soltura en los ríos de la psicología de masas, manantial de la conspiranoica, mano invisible.
El que aprovecha nuestra ilusión y nuestros complejos, sobre todo nuestros miedos; Gilgamesh nuestro conformismo, nuestra culpa, Gilgamesh nuestra santísima culpa; aquel que nos vende tendencias, modas, temáticas, aquel que dicta el mensaje de las series en streaming de alto presupuesto; Gilgamesh el grande, ¿a dónde vas, criatura?
¿Quién nos hace comer margarina en vez de mantequilla, azúcar en lo salado o grasa en lo dulce, quién torna la satisfacción en orgullo y la curiosidad en envidia; quién nos dicta el deseo y no pocas veces nuestro pensamiento.
Por supuesto: Él. Oh Gilgamesh. ARrrXXX, Gilgamesh.