Volver a: pequeña.
Cuando él termina de ducharse en la mesa de la cocina le espera un desayuno digno de Monet. ¿Qué hacemos hoy? Improvisamos. Ella no entiende qué es improvisar hoy, improvisar dentro de un rato. ¿Salimos a la calle a ver qué pasa? ¿Qué quieres hacer tú? Ella quiere ir al bosque pero no conduce y no lo propone porque cree que su exceso de entusiasmo a veces a él le agota. Prefiere callar a ratos y no estar tan alegre, casi nunca coinciden un día entero sin tener que trabajar, en realidad, ella es feliz simplemente desayunando a su lado. Así, sin planes, apuran toda la fruta y vuelven a la cama para hacer el amor muy despacio, alargan cada detalle al máximo como si tuviesen cuerpos infinitos, encuentran rincones mutuos que vibran cuando se acoplan. El cuerpo de Otto se ha aligerado, ahora sí es capaz de mirarla del todo, sin medias tintas. Los dos orgasmos de ella le han dilatado su autoestima. Se siente capaz y retoma el tema de ese sueño que se inventó pero ahora resulta que lo recuerda perfectamente. Le cuenta cómo era la casa, algo inesperado que sucedió, introduce un elemento un poco ridículo que le da un toque surrealista y alarga la historia con sus emociones al despertar. A ella le encanta hablar de emociones. Se refleja en los ojos de ella, son como lupas, lupas azules que le hacen grande, poderoso. Además de los dos orgasmos le acaba de regalar un cuento. Se siente generoso.
