Volver a: pequeña.
Laura le pregunta si quiere otro café. Él asiente cómodamente. Antes de preparar la cafetera friega los cacharros que habían quedado pendientes de la cena de la noche anterior y recoge todo. Busca en los cajones una bayeta limpia que desliza por la superficie. Deja la cafetera italiana en el fuego y regresa a su sitio hasta que el aroma sonoro le dice que el café está listo.
Las dos tazas se miran en la mesa como si hubiesen convivido ahí desde hace años.
Sin apenas esfuerzo ha traducido varias páginas y ella ha memorizado los nombres y los ingredientes de la nueva colección de sérums. En realidad lo que más le apasiona es leer, leer ficción, pero ahora necesita trabajar y pagar el alquiler de una vieja buhardilla en la calle del Duque de Alba. La belleza se vende bien, sobre todo ahora, que tras la pandemia, la sociedad parece haber perdido algo irrecuperable e intenta disimularlo.