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    • Índice
    • Primera parte. Thánatos 
      • Tanatopraxia 
      • El día después
      • El tercer día 
      • Después 
      • Septiembre 
      • Octubre 
      • Noviembre 
      • Diciembre 
      • Mucho después
      • La muerte 
      • José Luis 
      • Amparo 
      • Nerina, mi tía abuela
    • Segunda parte. Eros
      • Eros
      • Suerte 
      • Take away 
      • Belleza
      • Primavera 
      • Nocturno 
      • Alba 
      • Atardecer 
      • Son Bou 
      • Extrañamiento 
      • Ternura 
      • Primero de enero
      • Ilusión
      • La cadena 
      • Greguería
      • La rutina
    • Thánatos y Eros
      • Obra completa
      • Final
  • La llegada

    La muerte huele
    a almizcle desprendido
    en los coletazos últimos
    de una biografía,
    a sudor extenuado
    sobre una sábana bajera
    que amarillea
    en el paroxismo de la piel,
    en las aristas
    de una mirada de cristal.

    La olí, precisa,
    cuando intenté incorporarte
    y la anuncié, con el alivio
    que presagia cada final:

    «Ya viene».

    Madre se quedó un paso atrás,
    con un temor bíblico
    colgándole por la barbilla:
    su cara un agujero negro
    demasiado abierto
    para poder fagocitarla.

    Y hermano, desde
    una mirada desorbitada,
    gritó una onomatopeya
    de silencio en un intento
    pueril de alejarla,
    de censurarla en mi boca.

    Nunca me partí
    en una ternura
    más devastadora
    como en aquella
    obstinación
    por ocultar una tragedia
    al igual que una travesura
    antigua, de las de antaño,
    cuando tú nos cobijaba
    debajo del delantal.

    Nunca lo amé más
    como en aquel estásimo
    inconcluso que no quería
    ceder el paso al éxodo.

    Olí tu muerte, con cordura,
    y le abrí la puerta
    de la habitación.

    Y ella entró,
    como quien sabe
    que no necesita
    invitación ninguna,
    con el rigor
    protocolario del oficiante
    ceremonial.

    Tuve
    el honor
    de sellarte
    los ojos
    y entonar
    tu cántico definitivo:

    Nunc dimittis servum tuum, Domine,
    secundum verbum tuum in pace.

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