Volver a: Las claudicaciones del olvido.
Agonía
La muerte aleteaba en el balcón,
acicalándose a la luz de la mesita.
Sentada en el suelo,
yo peinaba las horas
de aquella noche,
escanciándote oxígeno,
en el zumbido
de la pesadumbre.
Me aferraba
a los alientos
de tu conciencia
ya líquida
para que no te fueras,
para que me sintieras.
«Estoy aquí, estoy aquí».
No supe,
hasta el alba,
que había sido burlada
por la impiedad
de la naturaleza,
en mi esperanza
ridícula de paliar
con caricias
el esfuerzo inhumano
de devolver el alma
al Creador.