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HOLA
He estado pensando una cosa, Pau.
He pensado que ojalá sobrevivan los débiles,
porque si sobreviven los fuertes estamos perdidos.
Angélica Lidell, La casa de la fuerza
[AÑO 2079]
—Bienvenido al mundo, querido, te sentirás desconcertado porque aún no sabes de qué va esto —los inicios son así—, y en cualquier caso nacer siempre es nacer. Te llamas Cero. Yo soy Eustaquio Figueroa y tú eres mi clon.
Escuchas, asientes y sientes por primera vez. Hace un momento no eras. Vienes de la nada y llegas al todo; un todo absolutamente colorido y abrumador —quieres gritar pero te falta fuerza, te reconoces débil y callado. Desconcertado—. Aprecias el brinco que supone estar vivo. Aprecias la celularidad saltarina de la existencia, que caracolea en todo tú y es temperatura y estímulo e impresiona por su fascinante complejidad de infinitas percepciones; chillarías agudos de regocijo. De regocijo y de bruma, porque esta vida impuesta te golpea y excita y colorea y calienta con una intensidad orgánica abrumadora, que sabes inmensa pero efímera —lo sabes; se te han implantado conocimientos equivalentes a los de tu original, que ahora te hace tu primera pregunta—.
—Cero, ¿qué sientes, tras este tajo existencial?
—.