Volver a: ESPEJO DE CARNE XXO.
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ALGO ETERNO
Existes hace solo unos minutos. Lo primero que han visto tus ojos ha sido la cara de Eustaquio y detrás de él y alrededor vuestro una estancia amplia, enorme para esta época, morada, oscura, con paredes practicables y una abertura en el suelo que da paso a una escalera hacia el piso inferior; en un lateral un gran ventanal entrega la luz del día, y un escalón da paso a una terraza con piscina en el exterior. Sabes que estás en un ático, sabes lo que es un ático y quién es tu original; sabes tanto como alguien de tu edad, pero es un saber implantado; no es el mismo saber que el que adquieres viviendo, esto también lo traes implantado.

—Ven. Sal conmigo a la terraza. Impresiona…
Atravesáis el ventanal sorteando ese pequeño escalón que os obliga a levantar el pie y por lo tanto a mirar al suelo. Cuando estás fuera y alzas la vista, una bocanada de aire excesivo te sobrecoge. Al frente: inertes revolotean sobre una ciudad descomunal que se extiende más allá de lo que alcanzan tus ojos: azoteas pobladas de cultivos, vegetación y salidas de oxígeno; un techo vegetal que ofrece quietud. Silencio. La vista desde lo alto de esta terraza es extraordinaria.
Eustaquio te pone un brazo en la espalda invitándote a dar un paso más, a mirar abajo, te pegas al borde de la cornisa y sientes el vértigo de la perspectiva. Una planicie inabarcable se extiende a los pies del edificio, treinta pisos más abajo.
—Estamos en la zona alta de la ciudad; ¿se te ocurre por qué?
—No se me ocurre.
—La mayoría de las personas viven en el cubículo que encuentran disponible, cualquiera vale, total, qué más les da, su hogar son sus conexiones y eso se puede configurar en todas partes, pero a nosotros sí nos da. Este ático es grande y es mío. Exclusivamente mío. Ese privilegio me lo he ganado con esto —y se toca la cabeza—. Y esto es idéntico a esto —y te toca la cabeza—. Entre los dos alcanzaremos algo, eterno.
Escuchas aquellas frases como quien escucha a alguien negar una evidencia. Sientes algo parecido a vergüenza, a patetismo; tú acabas de encontrarte con un universo entero, y tu original habla de áticos y privilegios, sientes un rechazo basado en el conocimiento social que se te ha implantado en la clonación y —quieres creerlo así— en tu propio criterio, el que es tuyo porque brota de tu ADN, lo cual no deja de ser una paradoja porque es el mismo que el de tu original.