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Yo me he propuesto dejar de soñar otras vidas para comenzar a vivirlas escribiéndolas en un blog, compartirlas al tiempo que van surgiendo de las teclas del ordenador, en el laberinto irrefrenable de los espejos. Me he propuesto dejar de inventar la vida de los otros desde el rincón protegido de una discoteca para comenzar a vivir mis vidas en el centro de la pista gracias a las palabras que escribo, gracias a los comentarios que recibo. Y lo hago con el juego de los dados. Haciendo del azar la verdadera razón de ser de mis decisiones. El azar en el portal que voy a visitar, las Cita Digital Sexuals que voy a tener. El azar en las personas a las que voy a contestar en un chat. El azar en las historias que me voy a inventar en un blog o en los comentarios que dejo a diestro y siniestro en cuanta red social consigo entrar, por supuesto, por azar. Voy dejando huellas de mi camino por el solo placer de no hacer caso de ellas, de dejar vidas posibles a mi alrededor que nunca imaginaré, que nunca soñaré, que nunca viviré porque nunca entraron en la combinación mágica del juego de dados.


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Sexto pago de Cita Digital Sexual, CDS.

No niego que me extrañó que me saludara, que llamara mi atención cuando pasé por última vez a su lado, ya dispuesto a irme mucho antes de que se acabara mi tiempo comprado.

Por eso casi me asustó su tono de voz, a un tiempo amigable y firme. Una voz envolvente, acompañada de una sonrisa estupenda que había tenido escondida toda la noche, una de esas sonrisas que uno podría mirar y mirar durante horas sin cansarse. Una de esas sonrisas de labios carnosos, dientes blancos y una lengua que sale y entra por la boca como un presagio de mil y un placeres, todos ellos desconocidos, todos ellos inevitables a partir de este momento —uno de los extras más caros del catálogo, creí recordar—. Por eso, me extrañó que junto al saludo, a la seguridad que había lucido en los últimos minutos, me agarrara por la cintura y acercara mi cabeza a sus labios para hablarme al oído, mientras mi cuerpo no dejaba de aproximarse a su cuerpo, mientras mi sexo estaba llamado a colisionar junto a su sexo. Y me habló al oído, con esa voz grave, a un tiempo susurrante e intensa, vigorosa. Y no pude dejar de sentir una náusea, un sabor ácido que se me instaló en la boca procedente del corazón del estómago. Ni le sonreí ni me despedí. Me alejé sin pensar en nada más, aunque sabía, mientras me volvía a vestir, que no pasaría mucho tiempo antes de volver y que entonces le diría que sí, como si fuera la cosa más natural del mundo. Al pagar le miré. Con el tiempo, me confesó que me despidió con una sonrisa, pues me sabía presa fácil. Y lo fui. Y así lo hice: volví y no he dejado de hacerlo casi todas las semanas. Y así ha sido durante años y años. Solo con el tiempo aprendí que hay que tener cuidado con los virus que el propio programa introduce en las Citas Digitales para crear adicción. Solo ahora lo confieso y lo escribo. Solo ahora me desenchufo para siempre… 

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Habilidades

Publicado el

11 de diciembre de 2025

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