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    • Índice
      • Ese mensaje…
      • Noté…
      • A mi padre…
      • Pero…
      • Seguir con la boda
      • Desde pequeña…
      • El viaje de novios…
      • La cobardía…
      • Noah me escribió…
      • Mi día a día…
      • Cogí el teléfono…
      • Nunca…
      • ¿Puedes quedar…
      • Tenía un nudo en la garganta…
      • Giré la cabeza…
      • Yo también brindo…
      • Mi vida es…
      • Nuestro aniversario…
      • Presionada…
      • La mañana…
      • Agradecimientos
  • Diego y yo vivíamos juntos desde hacía tres años y llevábamos ocho años de novios. Nos habíamos conocido en la época de la universidad. Él trabajaba con números; yo con sueños. Desde el primer día supe que no éramos almas gemelas, pero me dejé llevar. Quizás porque nuestra sociedad lo exigía. La línea del tiempo nos marcaba tener novio, casarnos, concebir hijos y vivir una vida que muchas de nosotras no queríamos poseer.

    Retrasé mi decisión de contraer matrimonio bastante tiempo. Era el sueño de mi vida, pero Diego no encajaba en mi puzzle. Mis amigos y familiares ejercían presión día tras día y al final me vi obligada a preparar una boda en la que para nada me sentía implicada. Tal vez debía haber dicho no desde el primer momento pero no me sentía con fuerzas para luchar contra una sociedad que me pedía a gritos que siguiese la corriente como el resto de mortales.

    «Hoy estaré en la capital y me preguntaba si te apetecería tomar algo —me sentía halagada por la invitación de Noah, pero no era el momento de tirar por la borda mi relación con Diego—. Mañana regreso a Los Ángeles».

    «Me encantaría poder haber seguido con la conversación del otro día, pero hoy es imposible». Aunque no nos viésemos más, no podía cerrar las puertas de esos sentimientos que estaban naciendo en mí.

    «Habrá más ocasiones…».