Del psicoanálisis de la fortuna

Sene Góid se desplazó a Viena, allá por 1899, cuando Freud acababa de publicar La interpretación de los sueños, libro capital que daría el fogonazo de salida a la corriente médico-filosófica conocida como el psicoanálisis. En ese año, Sene Góid conoció a Lou Andreas-Salomé, una de las discípulas más importantes del profesor Freud. Lou y Sene se citaron en la llamada Ópera de la Corte Imperial y Real de Viena. Allí departieron amistosamente sobre diferentes temas.

—Querida psicoanalista, el dadaísmo al igual que el surrealismo (movimiento aún por llegar) se nutre de la visión y estructura psicológica inconsciente del individuo. El sueño, la alucinación y el otro mundo son necesarios. A partir del sueño y el inconsciente, el espíritu dadá busca la sublimación y la explosión del mundo, reivindicar la libertad y la imaginación.

—Interesante —aseveró Salomé—. ¿Y por eso recurren a la más profunda alquimia de la palabra, para otorgarle a la poesía su santuario más sagrado?

Así, es. Con el poema fonético y el poema simultáneo, que consiste en un recital a tres voces en tres distintos idiomas (alemán, francés e inglés), en donde el poeta dadaísta se desprende del mundo gramatical. La sonoridad, la entonación de las vocales y el ruido hacen de la expresión un límite en sí mismo. Poniendo de manifiesto que la voz, altavoz el alma, representa el órgano principal, y este se halla en lucha con el ruido envolvente.

—Creo que le entiendo —masculló en voz baja la escritora rusa—. El sonido aparece como la lucha de la individualidad y el fondo como mecanismo de opresión agobiante, en donde el hombre intenta sobrevivir. La voz humana contra el mundo como amenaza.

—Así es. Aprovechando la famosa frase que Sartre hará célebre: el infierno son los otros.

—Bueno —añadió Salomé—, al menos cuando éstos representan el espíritu invasor y destructor cuyo ritmo se vuelve mortífero para nuestra expresión.

—Eso es —dijo Sene Góid—. Y a la vez, la paradoja, que el propio poema fonético lleve a cabo una especie de suicidio simbólico a propósito de la descomposición de su sentido y la fragmentación de sus significantes. La tensión entre sus letras, el ir al encuentro de algo irreductible o que lo instantáneo sea una experiencia vital capaz de desprender nuevos pensamientos, son mecanismos dadaístas pensados para ganar la liberación del espíritu. 

—Tienen que prestarles más atención a las pulsiones inconscientes del adulto y a la sexualidad escondida de los niños —señaló Salomé.

—Para nosotros —prosiguió Sene Góid—, tras la lucha del lenguaje se encuentra el fenómeno del azar y la resistencia contra lo establecido. La pedagogía del contra que practican los niños, y por extensión los dadaístas, se posiciona contra los padres (y contra los maestros).

—A este respecto podríamos decir que la omnisciencia de los padres, seguida a corta distancia, y en todos los niveles, por la omnisciencia de los maestros, instala un dogmatismo que es la negación de la cultura. Cuando ese dogmatismo es atacado por las locas experiencias de la juventud, se vuelve profético. Pretende basarse en una experiencia de la vida para prever el porvenir de la vida..

Y exclamó Sene:

—Ay, ¡el malestar de la cultura!

Mientras Andreas-Salomé reía, añadió:

—Los niños y los artistas detestan la intransigencia cuando esta es arbitraria, dictatorial e injustificada. Es necesario vigilar la verdadera cultura, defenderla, condenar la severidad irracional y la pedagogía que nunca arriesga nada, que permanece inerte, alimentada de un pasado esclerótico. La severidad es psicosis, psicosis profesional del profesor, en muchos casos. Unas palabras del compositor Erik Satie simbolizan perfectamente bien este problema. Cuando era pequeño siempre le decían: ya verás cuando seas grande. Y él dijo: Ya soy un viejo, y aún no he visto nada.

Sene Góid reía a carcajada limpia.

—Hay que trabajar sometido a la ley del azar —prosiguió Salomé—; la ley que contiene a todas las demás leyes y que es insondable, la causa primera de la que brota toda la vida y que sólo puede ser experimentada dejándose totalmente a merced del inconsciente.

Sene Góid asintió y Salomé concluyó:

—Quien sigue esta ley se procura una vida pura.

—Así sea. Encantado de conocerla, profesora.

—Ha sido un placer, Sene Góid. Está usted invitado a mi consulta cuando quiera.

Ambos intercambiaron un apretón de manos y Salomé se retiró, fumando en pipa, hasta perderse entre los tranvías.

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Publicado el

5 de mayo de 2024