De la risa dadabecedaria

En el siglo XIV, Sene Góid llegó a Florencia para compartir su mensaje con Dante Alighieri, el gran poeta italiano. Lo hizo unos años antes de que este falleciese. Así se conocieron. La conversación tuvo lugar en el Ponte Vecchio, a orillas del Arno. Hablaron del espíritu de la poesía y de los cambios formales que traería el futuro.

El primero en hablar fue Sene Góid. Tras unos educados preámbulos el maestro dadá le dijo:

—Cuando el niño dice la palabra aún mantiene su fuerza primigenia. Esa palabra aún no está consumida por el uso cotidiano, no ha sido atravesada por el peso de la “normalidad”. Esa palabra es manantial de algo más que sí misma, de algo oculto y necesario.

—Es posible –contestó Dante—. Hay certeza y honradez en esas primeras palabras, como también lo hay en el mantra que recita el monje al amanecer.

—Hay que tomarse muy en serio a los niños en el habla —concluyó Sené—. ¿Pero qué es exactamente la poesía? —añadió.

Y Dante contestó:

—La poesía es un aura primitiva, mientras que el lenguaje aprendido corrompe su sentido y ahoga su fuerza creadora. En esa dialéctica de liberación/opresión se hace necesaria la fuga, el escapar al mal maestro, liberar al niño y al hombre de la mala cultura. Debemos recuperar el lenguaje que nos han escamoteado si queremos después recuperar la comunicación. De hecho, una infancia aferrada a sus sueños es insondable.

—Y cuando esa profundidad sigue activa —replicó Sene—, lo que se vuelve insondable es la riqueza de nuestra vida. La infancia debe ser reconquistada y revisitada a través del ensueño, pero sin perder de vista que nunca dejó de estar presente.

—Así es, la infancia abre una existencia sin límites hasta que surge el primer acontecimiento de la vida adulta y aparece un primer límite que todos debemos superar.

—¿Y cuál es ese acontecimiento? —preguntó Sene.

—Ese acontecimiento se nos puede dar de muchas maneras: a través de la pérdida, de la muerte de un ser querido; o de cualquier situación difícil que nos obligue a recolocarnos en el mundo para sobrevivir a su verdad. Entonces, esa infancia queda sumergida en un limbo involuntario, hasta que la voluntad, ayudada del ensueño poético, recupera su status perdido. Lo habitual es que la muerte sea el primer acontecimiento decisivo.

—Sobre la muerte nadie ha escrito mejores versos y más puros que usted.

Se lo agradezco —dijo el maestro italiano.

—Pero prosigamos —dijo Sene, visiblemente emocionado—. Nosotros, los dadaístas, somos conscientes de ello; sabemos que lenguaje, mundo e imaginario dibujaban los tres lados del triángulo donde se librará la batalla social. Cómo conquistar ese territorio es parte de la ambición dadaísta, y el lenguaje la herramienta a la que nos aferramos para conseguir dicha victoria.

—¿Y cómo lo harán? —preguntó Dante.

En el siglo XX la técnica y los géneros se multiplicarán: el collage, el happening, la performance, la vuelta a los orígenes del lenguaje, la poesía fonética, el canto africano, etc…Todo valdrá con tal de crear desde una nueva posición y cambiar los referentes. Se tratará de crear un nuevo sistema «sin sistema». Yo estoy en contra de los sistemas, por principio el sistema más aceptable es no tener ninguno.

—Ya veo  —dijo Dante—. Me resulta arriesgado y no exento de peligros, ese camino. ¿Por qué no seguir con la epopeya o los tercetos encadenados?

No sin cierto estupor, Sene Góid le abrió los ojos del futuro al genio italiano.  

—Frente a las normas y a las leyes del lenguaje, el dadaísmo propone regresar a la fonética, recrear los primeros pasos del aprendizaje para refinar el mundo de los significados y dejar al lenguaje la función del artista, aquél que realiza el ritual de transformación y que vincula lo originario y lo radicalmente nuevo. Dadá pretende una búsqueda ardiente, cada día más flagrante, del ritmo específico, del rostro soterrado de toda época. De su fundamento y esencia; de la posibilidad de conmoverla, de despertarla,  y el arte es sólo una ocasión para ello, un método. Las balas perforarán el lenguaje y la vida será un carnaval de risas, un delirio grotesco, en donde el nuevo espacio performativo lo fundarán voces que se desoyen, sonidos ocupando el espacio interlingüístico. El signo se alejará de la referencia para crear nuevos campos semánticos y el lenguaje se desarticulará. Después habrá que reinventarlo con ceremonias extravagantes.

Dante, visiblemente afectado, exclamó:

—¡Eso se parece al infierno!

—Lo es —aseguró Sene—. El lenguaje será la secuela de la primera guerra mundial, guerra diabólica en la que su país formará parte integrante. Si el arte tiene algún valor, lo tiene en la medida que es vida. Vida es igual arte y arte es igual a vida. Donde solo hay muerte (como en la guerra), el arte solo puede parecerse al infierno.

Dante le miró a los ojos y dijo:

— Alabado sea dadá, que el futuro te sea leve.

Y se marchó entre la lluvia de la oscura madrugada.

Habilidades

Publicado el

4 de mayo de 2024