De la excursión circular

Todo comenzó en Mesopotamia, cuando la dinastía aqueménida (S. V a.C), compuesta por los dasdadadadadaddadadadadadarabuelos de Man Ray, Francis Picabia y Marcel Duchamp, frecuentaban las veladas que Ciro II organizaba en sus ilustres salones-galerías. Allí, se fundó la primera teoría estética sobre la que irían añadiéndose páginas a lo largo de la historia. Esta decía lo siguiente: Toda obra pictórica o plástica es inútil; que sea un monstruo que asuste a los espíritus serviles, y no dulzona para exornar los refectorios de animales con hábitos humanos, ilustraciones de esta triste fábula de la humanidad. (…)Un cuadro es el arte de hacer que se encuentren dos líneas geométricamente comprobadas paralelas, en un lienzo, ante nuestros ojos, en la realidad de un mundo transpuesto según nuevas condiciones y posibilidades. Este mundo no está especificado ni definido en la obra, sino que pertenece en sus innumerables variaciones al espectador. Para el autor, ese mundo carece de causa y teoría.

Orden = desorden; yo = no yo; afirmación = negación: resplandores supremos de un arte absoluto. Absoluto en pureza de caos cósmico y ordenado, eterno en el glóbulo segundo sin duración, sin respiración, sin luz, sin control. Me gusta la obra antigua por su novedad. Tan sólo el contraste nos enlaza con el pasado. Lo demás será circular.

Aquellos convites fueron muy anteriores al Cabaret Voltaire, y aunque los allí presentes jamás se dieron el nombre de dadaístas, el germen del antiarte, la irreverencia y la burla, ya estaban plantados. Sus ataques no se dirigían solamente contra lo social, ni contra lo político, los protoartistas afincados en Mesopotamia concentraron sus esfuerzos en atacar directamente al arte. Según cuenta Alies Nitram en su libro, El cebón que quiso nacer de una pirámide, la genealogía del dadaísmo hay que buscarla en las acuarelas de Antístenes, los collages de Cleopatra y los baños de espuma de Alejandro Magno. Se cuenta que el propio Sene Góid enseñó al Dios Ra a utilizar su barca solar y le inculcó el valor del juego y el azar. Un día el Dios Ra le preguntó:

—Querido Sene, ¿cómo cuidarías de un pueblo al que amas y sabes que te necesita?

Sene Góid contesto:

—Por Zeus, que en paz descanse, que el dadaísta ha cortado con esta vida y con este mundo. Va por este edén como un extranjero distinguido, asombrado por las lágrimas de los transeúntes; sobre la cabeza lleva una gorra de pelo de camello y en la mano unos prismáticos donde se ven delfines alcanzando el sol de un salto y en la caída cerrando los ojos como si escuchasen en éxtasis un coro de niños en la tercera sinfonía de Mahler. La letra de la canción era esta:

¡Oh, hombre! ¡Atento!
¿Qué dice la profunda medianoche?
Yo dormía —,
De un profundo sueño me desperté: —

El mundo es profundo,
Y más profundo de lo que el día pensó.

¡Oh, hombre! ¡Atento!
Profundo es su dolor —,
El placer —más profundo aún que la pena:
El dolor dice: ¡Pasa!
Pero todo placer quiere eternidad—,
— quiere profunda, profunda eternidad!

Y el Dios Ra prosiguió:

— Te agradezco el esfuerzo que has hecho porque no comprenda nada. Ahora entiendo que no está en nuestras manos la belleza, el bien o la justicia. Sino que solo el azar y el amor incondicional al destino tienen un valor para los dioses.

—Así es —afirmó Sene Góid— ¡Bienaventurados los somnolientos, pues no tardarán en quedar dormidos!

—Ni los dioses saben lo que les sucederá a los humanos. Tan solo Maat, la justicia universal, equilibra lo que en el cosmos es agitación y caos.

—La vida virtuosa es un deporte final histórico con quiniela pacifista.

Se fundieron en una respiración holotrópica y Sene Góid prosiguió su camino hasta perderse en el horizonte.

Habilidades

Publicado el

2 de mayo de 2024