De la escatología y sus oráculos

Décadas después, deambulando a la deriva por los alrededores de Shiraz, Sene Góid llegó a Persépolis. La monumental capital persa se levantaba sobre una terraza de 12 metros de altura y se localizaba en medio de la formación rocosa de Kuh-e-Rahmat. Allí, Sene Góid, entró en contacto con una familia sufí que se dedicaban a la cría de ponies azules. Cada mañana le administraban a sus hijos unas pastillas formidables con forma de capitán américa (continente nacido de la mente dadá) que provocaban una intensa sensación de bienestar,mayor extroversión, calidez emocional, empatía hacia los otros y una disposición a conversar sobre recuerdos con gran carga emocional. Sene Góid, admirado por el hedonismo de esta humilde gente, le preguntó a la matriarca, de nombre Hiparquia, si podía pasar la noche con ellos. Esta respondió afirmativamente. A altas horas de la noche, mientras bebían vino bajo las estrellas y leían a Omar Jayam, la mujer le preguntó a Sene:

—¿Qué buscas por aquí? ¿Hacia dónde caminas?

Y Sene contestó:

—Llevo un mensaje a lo largo de la historia y debe ser escuchado en cada rincón del planeta.

—¿Cuál es ese mensaje, si no es indiscreción?

—El hombre es un camello en tiempos de crisis. Pronto llegará una etapa futura que todos llamarán edad media, y después otra que se llamará modernidad; y entonces el camello se convertirá en león y después nacerá un niño de ojos naranjas al que todos adorarán y llamarán el Dadá Dad.  

—¿Y cómo sabes todo eso? ¿Acaso tienes visiones?

—Toda idea nace de una intuición y esta, si es clara, nos permite captar la esencia de las cosas. La imaginación es el órgano con el que podemos ver el futuro y a través del cual podemos encontrar al nuevo superniño.

—¿Y cómo será el mundo dentro de quince siglos?

—Será un mundo donde florezca un anarco individualismo sin precedentes. Donde se rechacen frontalmente todas las convenciones y se desprecien los valores heredados. Para entonces, vivir conforme a nuestra naturaleza, consistirá en observar la felicidad de los ratones cuando estos corretean entre las mesas de las bodegas, y el misticismo de los sufíes habrá desparecido.

—Pero, ¿cómo podremos llegar a eso?

—A través de la violencia hipersimbólica del «terrorismo» poético de denominación dadá. Este alcanzaría su cenit en la modernidad, el día que Kant vaya al parque de atracciones y esa experiencia le traumatice tantísimo que caiga en una depresión de caballo.

—Curiosa expresión, nuestros ponies defecan exquisitos arcos iris.

—Lo celebro, el dadaísmo es una actitud oracular y escatológica.

—¿Quién será Kant?

— Solo Dios lo sabe. Es momento de marcharme.

Y Sene Góid se marchó sigilosamente.

Habilidades

Publicado el

3 de mayo de 2024