—Estás guapo —le dije.
—Gracias. Tú también estás muy guapa —me dijo, mientras tomaba asiento a mi lado traspasándome con la mirada. Mi gesto lo debía decir todo. Me había atravesado el corazón por completo y noté como empezaba a acelerarse sin control—. Una cerveza, por favor —alzó su brazo llamando al camarero—. Bueno Chloe, no me esperaba este mensaje para nada —dijo con media sonrisa.
—No sé qué decirte, fue un impulso repentino.
Nos miramos fijamente. No fue necesario decir nada más. Nuestros cuerpos querían unirse de nuevo y saldar las cuentas que habían quedado pendientes en el pasado.
—No te he escrito antes porque me daba vergüenza. Me he sentido tan mal por haberte hecho tanto daño Noah —tenía que desahogarme y encontrar la paz que durante tanto tiempo había buscado.
—No digas nada por favor —Noah se acercó a mí y me besó apasionadamente en los labios.
No puse ningún impedimento. Me sentí libre. Libre de amar y de sentir. De ser yo misma y de, en definitiva, encontrar el camino de la verdadera felicidad.
—Quiero que sepas que al final no me casé —tenía que contarle mi verdad cuanto antes.
—Ya lo sé —respondió escuetamente.
—¿Y? —me dejó bastante sorprendida su afirmación.
—He esperado pacientemente, Chloe —se le notaba muy relajado y seguro de sí mismo—. Siempre he sabido que ibas a volver a por mí porque es lo que tiene el amor verdadero, que siempre se mantiene.
—¿Pero por qué no me has llamado antes? —mis ojos se inundaron en un segundo.
—Yo también tenía que alejarme de ti para ver si estos sentimientos eran verdaderos. Ahora veo que sí.
Volvió a acercarse a mí y rozó mi rostro con sus dedos. Me hizo sentir un gran escalofrío por todo el cuerpo.
—Vamos a mi apartamento y gocemos —apretó su pecho contra el mío haciendo que mi corazón se agitase fuertemente de nuevo.