Llegamos a su casa con la líbido por las nubes.
Noah se sentó en un pequeño sofá que estaba situado en la esquina de la habitación y yo me coloqué encima de él. Estaba nervioso. Me miraba fijamente con cara de admiración y de deseo. En ese momento me sentí poderosa. La sensación de poder dominar a un hombre cuyos instintos más básicos dependen de tí es inigualable a cualquier placer terrenal.
Nuestras manos se entrelazaron y nos besamos suave y profundamente, como si cada uno de nosotros quisiera llegar hasta el interior del otro y conocer todos sus secretos. Parecíamos dos figuras frágiles de cristal que en cualquier momento podrían romperse y a las que se debía tratar con extremo cuidado. Cogió una de mis manos y la deslicé hacia el secreto mejor guardado. Su excitación se hizo patente en un momento.
—Perdona Chloe, pero no puedo evitar sentir el deseo por ti —me dijo avergonzado.
—Noah, esto es fruto de nuestro amor, al fin y al cabo, somos animales y esto es lo bonito de esta relación. Poder sentir que estamos vivos —la excitación que tenía en ese momento no me dejaba pensar con claridad.
Fui desabrochando su camisa poco a poco.
Quería sentir como el fuego de su cuerpo iba encendiéndose y ardía a medida que íbamos quitándonos la ropa. Noah me invitó a desabrochar poco a poco su cinturón y admirar su cuerpo apolíneo que esperaba impaciente tomarme entre sus brazos.
Cuando terminamos el ritual de despojarnos de todos los bienes materiales nos quedamos frente a frente observándonos. Mirando como esos dos cuerpos buscaban la mutua atracción y sentían que cada milímetro de piel debía unirse de nuevo.
Nos reclinamos en la cama y tras sentir ese fuego que salía por todos los poros de nuestros cuerpos, decidimos dejarnos llevar por el instinto animal que había sido cohibido durante tanto tiempo.
—¡Goza Chloe goza! —profirió Noah en portugués—. Goza como nunca lo has hecho en la vida porque aquí estoy yo para hacer todos tus sueños realidad!
Nunca había sentido a un hombre tener ese deseo por mí. Por unos instantes Diego desapareció completamente de mi mente. Solo existía Noah y su cuerpo. Quería disfrutar de él hasta el último segundo de ese día.
—Noah esto es el paraíso —había llegado al placer infinito. Era la primera vez en mi vida que mi cuerpo sentía algo así. Disfrute de Noah como no había hecho con nadie en mi vida.
Ahora por fin sabía lo que era estar con un hombre al que amaba realmente.
Después de sentirnos libres y dar rienda a nuestra pasión indomable nos quedamos uno junto al otro abrazados, escuchándonos, sintiendo como los latidos de nuestros corazones galopaban en conjunto y con una paz interior que reafirmaba que nuestro amor era verdadero.
La transformación de Chloe hizo que, como el Ave Fénix, renaciese de sus cenizas. Una decisión rápida le causó el dolor más grande de su vida hasta ese momento. ¿Habéis tomado alguna vez una decisión parecida a la que tomó Chloe? ¿Qué consecuencias tuvo en vuestras vidas?
El amor es impredecible y los sueños son solo de aquellos que los persiguen.