Volver a: EL JOYERO DE LA INFANTA.

Para Álex
Se supone que yo tengo los ojos de Argos.
Pero tú me hiciste ver el fondo de las cosas.
Se supone que yo me sabía la historia de todos los cuadros.
Pero, por un solo cuadro, tú me contaste todas las historias.
Se supone que yo podía mostrarte el mundo.
Pero tú has señalado dónde están sus joyas.
Tu corazón reconocía todas las resonancias.
Pero era yo quién debía enseñarte los nombres de la música.
Los lunes son los domingos de los museos. Entonces los cuadros dejan de estar quietos y tienen un día entero para moverse. Los demás días pueden hacerlo por la noche cuando el último visitante ya se ha ido y sólo quedan los vigilantes que son como de casa y están acostumbrados a esta clase de cosas.

Por la noche, en el Museo del Prado, los angelitos de Murillo juegan a los vampiros colgándose de las lámparas; los caballos de Rubens organizan carreras contra los de Velázquez, los santos se esconden detrás de los cortinajes para asustar a los demonios del Jardín de las Delicias, las brujas de Goya, hartas de su aspecto terrorífico, se disfrazan de flores pintadas por Arellano porque son las más lozanas y alegres, mientras que las Venus, siempre tan insoportablemente guapas, hacen concursos de fealdad y se empeñan en sacarse defectos para poder salir elegidas miss Museo del Terror. Se ponen bizcas, hacen morisquetas, se despeinan, se encorvan, sacan la tripa… ¡en fin! Lo que pasa es que, por mucho que se afanen, lo más que pueden conseguir es coronar, no a la más fea, sino a la menos mona. Las Evas son muy hacendosas y más de una vez la han liado con su manía del orden. Como cuando cogieron todas las azucenas de las Anunciaciones para hacer un centro de mesa. Y era la hora de abrir y los San Gabrieles no se aclaraban para distinguir su azucena particular y cuanta más prisa les metían los vigilantes más se aturrullaban ellos. Ese día los visitantes observaron que las azucenas de algunos arcángeles eran tan pequeñitas como un alhelí y otras, sin embargo, tan gigantescas como palmeras…

¿sabrías decirnos…
qué dos cuadros —que se nombran en esta página— se fusionan para crear la portada de este relato?