SIII

En efecto, es la fusión de las brujas de Goya con las flores de Arellano, excelente. Aquí debajo la celebración de tu éxito y más abajo, tu recompensa, un texto adicional de la autora, al final de esta página.

En el néctar de algunas flores, en sus hojas o incluso en sus semillas, hay extraordinarios poderes que no todo el mundo sabe extraer. Durante muchos siglos, antes de que la industria farmacéutica se apropiaría de ellos para procesarlos y administrarlos, eran sobre todo las mujeres, llamadas brujas, quienes conocían sus propiedades curativas o letales. No lo habían aprendido en los libros sino observando la Naturaleza y escuchando las experiencias de las ancianas.  Eran muy respetadas por ello.  Pero cuando se fundaron las Universidades, se les prohibió asistir para convalidar científicamente sus saberes, tal como hicieron los varones y, desde entonces, se les ha calificó de ignorantes, embaucadoras y siniestras; sus logros se han considerado obtenidos mediante trucos, testimonios falsos o, cuando eran tan evidentes que no podían negarlos, se les atribuyó a pactos con el demonio. Se las ha perseguido, se las ha ejecutado, se las ha desprestigiado y sus conocimientos han dejado de significar «Sabiduría Ancestral» para traducirse por «Superstición».