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      • Fin
  • Nadie podía sospechar que se tratara del actor que durante años había interpretado al licántropo en las principales producciones nacionales. Desde la exitosa El Hombre lobo contra el doctor Satanik, hasta las últimas entregas de El hombre es un lobo para el lobo. No faltaban a su filmografía ni las colaboraciones con Jesús Franco, pero aquello no lo salvó de la miseria y una década después de su última aparición, el más celebrado de los monstruos del cine patrio, parecía un pordiosero cualquiera.

    —Mamá, no está muerto… —exclamó la niña, cuando al detenerse en la nueva estación el hombre se espabiló súbitamente.

    Algún viajero sintió un escalofrío y el actor se restregó el rostro. Miró a la cría con expresión fatigada. Por un momento, pareció olvidar quién era. Contempló con inocencia los ojos inocentes de ella. Pero rápidamente el gesto de miedo y la manera en la que la cría agarró la mano de la madre le refrescaron la memoria.

    Con un tosido, levantó sus dos metros del asiento y abandonó el vagón.

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