Volver a: Protegido: Una parodia infinita
Yo creo que estamos hablando de un escritor atormentado. Hace tiempo que está intentando escribir su primer relato, tiene muchas ideas y es verdad que empieza muchas historias distintas, pero lo cierto es que ninguna acaba de funcionar (o por lo menos eso es lo que él cree).
Llega un día en el que está tan desesperado que empieza a escribir directamente lo que siente. Explica cómo teclea y teclea y cómo en la pantalla aparecen las palabras (tal vez estas mismas palabras); explica que está en pleno bloqueo creativo y que no se le ocurre otra cosa que hablar del propio proceso. En realidad, no es muy diferente a lo que está ocurriendo en este preciso instante. En cualquier caso, el escritor atormentado de repente se da cuenta de que el proceso ya es en sí una historia: la historia de un escritor que escribe.
La verdad es que creo que esa historia ya se ha escrito antes. Quizás no exactamente, pero sí muy parecida. Yo estaba pensando en tensar un poco más la cuerda. Me explico: plantear una escena en la que el escritor atormentado se da cuenta de que sí, de que hablar de su propio proceso creativo tal vez le haya servido para rellenar unas pocas páginas, pero ahora quiere resolver el conflicto y se da cuenta de que no puede. Comprende que en realidad lo que está haciendo no es más que ampliar el problema. O lo que es lo mismo: que este relato podría prolongarse en el tiempo indefinidamente. Es en este momento cuando, vagabundeando por internet (porque eso es lo que hace: vagabundear) se acuerda de una nueva herramienta de la que ha oído hablar durante una de esas conversaciones entre sus amigos ingenieros. Normalmente haría caso omiso a sus recomendaciones —porque, al fin y al cabo, los ingenieros no saben nada de la vida— pero estas son circunstancias realmente extraordinarias. Recuerda que la llamaban GPT o algo así. La busca. Y en algún momento la encuentra. Abre la aplicación y no puede creerlo: se enfrenta de nuevo a un cursor que parpadea. Otra vez. Pero supongo que ahora es diferente, porque esta vez no tiene que inventar nada. Se limita a escribirle a la IA sobre su problema de inspiración. Le comenta que quiere escribir un relato con ella sobre cómo ha escrito este relato.
Me parece que está bien pero al mismo tiempo, no te voy a engañar, pienso que todo esto es un poco turbio. Quizás porque no es muy diferente a lo que me está ocurriendo a mí: acudo a ti porque soy consciente de mis limitaciones y quiero ver hasta qué punto tú puedes suplantarme.