Años después, al atravesar las murallas de Babilonia, Sene Góid sorprendió a unos esclavos intentando robar en un puesto de frutas. Cuando los guardias les arrestaron y se prestaban a infringirles un castigo mayúsculo, Sene Góid, detuvo el látigo del guardia y dijo estas palabras:
—«Lo real es el individuo, y este es voluntad de poder». Todo cuanto limite nuestra potencia individual, limita también el crecimiento de nuestro ser. Y por lo tanto es negativo e inaceptable. Si para ello hay que enfrentarse a lo establecido, la lucha del hombre está justificada, pues el derecho natural antecede al pacto social.
—¿Quién es usted?— le preguntaron los guardias.
—Yo soy aquel que ha venido a deciros que nada obliga al hombre a responsabilizarse por abstracciones que no están relacionadas con lo que es suyo; ni la justicia, ni la belleza ni la verdad le pertenecen, pero sí su yo, la nada creativa en la que el creador ha puesto su esperanza. Da de comer al hambriento y hazle reír al serio.
—¿Está tomándonos el pelo? ¿Quiere usted que le encerremos en las mazamorras?
Y Sene afirmó:
—Aquí tenemos derecho a proclamar, pues hemos conocido los escalofríos y el despertar. Resucitados ebrios de energía, clavamos el tridente en la carne despreocupada. Nosotros somos arroyados de maldiciones en abundancia trópica de vegetaciones vertiginosas, goma y lluvia son nuestro sudor, nosotros sangramos y consumimos la sed, nuestra sangre es vigor.
Mientras dijo estas palabras, quinientas palomas turcas revolotearon sobre él haciendo círculos y el cielo estalló en tonos violáceos.
Los guardas replicaron:
—«Este hombre está loco de atar, a las mazmorras».
En la celda conoció a una mujer llamada Mina Loy. Y esta le contó lo siguiente:
—He registrado con bastante exactitud el progreso, la ley, la moral y todas las otras bellas calidades que diferentes personas muy inteligentes han discutido en tantos libros, para llegar a decir, a fin de cuentas, que a pesar de todo, quien ha bailado según su bumbum personal, y tiene razón en lo que toca a su bumbum, alcanza la satisfacción de la curiosidad enfermiza; timbre privado para necesidades inexplicables; baño, dificultades pecuniarias; estómago con repercusión en la vida; autoridad de la vara mística formulada en ramillete de orquesta-fantasma con arcos mudos, engrasados con filtros a base de amoníaco animal.
Allí pasó tres días hasta que le obligaron a abandonar Babilonia por un ataque masivo de hipo. Entonces, se dirigió a la parada de camellos y montó en una ruta con destino a Damasco.