Del carnaval y los juguetes ahumados

Una vez que Sene Góid alcanzó Damasco, la ciudad del jazmín, se dirigió a la plaza Marjeh para comer algo y tomarle el pulso a la ciudad. Se arrodilló en el centro de la misma y ausculto el latido de sus calles con la concentración de un gato persa.

En ese instante, una mujer se le acercó y le dijo:

—¿Qué haces por aquí? Se ve a la legua que no eres de esta zona.

Sene Góid replicó:

—Lo primero que tenemos que tener claro es que la vida es un juego y el juego es una función elemental de la vida humana.

—No te entiendo —objetó la mujer.

—Sí, en el juego el hombre encuentra su estatuto de artista, se hace militante; entonces el arte aparece como ruptura y herramienta estético-política. Como dirá un filósofo alemán en el siglo XX, «el juego no tiene a un fin o una meta, sino al movimiento en cuanto movimiento, que indica un fenómeno de exceso de la auto-representación del ser viviente».

—¿Y quién será ese señor?

—Se llamará Gadamer.

Y Sene añadió:

—Así como los niños cuando juegan interpretan infinitos roles y estos son intercambiables, los dadaístas somos especialistas en adoptar personalidades extrañas y extravagantes por el simple fin de pasarlo bien. La diversión es un valor que las mujeres serias y acomplejadas han desterrado de sus vidas. ¿No será usted una mujer seria? — preguntó.

—Para nada señor, me encantaría formar parte de la familia dadaísta, ¿cómo puedo hacerlo?

—En el dadaísmo se puede ingresar sin contraer obligaciones. Cada cual es el presidente del club dadaísta. De hecho, el club dadá tiene socios en todas las partes del mundo. Tú puedes ser la nueva presidenta dadá en este momento si lo deseas con el corazón. Levanta tu copa y danos una charla espirituosa sobre lo que quieras. Porque ser dadaísta significa dejarse lanzar por las cosas, estar en contra de cualquier sedimentación, sentarse por un momento en la silla es haber puesto la vida en peligro. ¿A qué niña le gusta sentarse en una silla a ver el tiempo pasar? Los niños quieren jugar, saltar, husmear, tocar, son seres de acción. Por eso dirá un bisnieto dadá en su futuro Manifiesto Caníbal Dadá: ¿Qué hacéis aquí apretados como crustáceos serios? –porque sois serios, ¿verdad? Serios, serios, serios hasta la muerte. La muerte es una cosa seria ¿eh? Se muere como héroe o como un idiota, lo que viene a ser lo mismo. Vosotros amáis la muerte que mueren los demás. Ni los niños ni los dadaístas gozan con el sufrimiento ajeno, con la inacción colectiva, ambos quieren divertirse, vivir aventuras.

—Es maravilloso; llevaba toda mi vida esperando este momento. Por fin sé quién soy.

—¿Quién es usted? —preguntó Sene—. «Conócete» es una utopía, pero más aceptable pues hay un contenido de maldad en ella. Ninguna piedad. Luego de la matanza nos queda la esperanza de una humanidad pacificada. Y hablo todo el tiempo de mí, puesto que no quiero convencer, no tengo derecho de arrastrar a otros a mi corriente, no obligo a nadie a seguirme y todo el mundo hace su arte a su manera, si es que conocer la alegría que sube en flechas hacia las capas astrales, o aquella que desciende a las minas flores de cadáveres y espasmos fértiles.

—Así se habla, alabado sea dadá.

—Poco más debo decirte, si has entendido tanto en tan poco tiempo. Ojalá el río que fluya no lleve peces y al anochecer paseemos por carreteras paraleles. Pero la montaña es tan alta que rebasará los extremos de la tierra. Eso sí, nunca juegues sobre la hierba francamente pintada. Sobre ese paisaje resplandecerá un arte para los recién nacidos.

—Así lo haré —contestó ella.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Sene.

Aún no tengo nombre, pues la mujer espera su sitio en un mundo enfermo, pero por Dadá, que en una futura reencarnación me conocerán por un nombre bien hermoso.

—¿Y cuál será ese nombre?

—Me llamarán Juliette Roche.

—Alabado sea ese día. Que la luz ilumine tu fortuna.

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Publicado el

3 de mayo de 2024