Volver a: SE.
Cómo podré hablar
del pavo real
sin referiros a los gritos
de mi madre,
a los vómitos parduzcos
que secaban sobre nuestras ropas
de niñas y nos impedían
movernos y sentirnos
tal como éramos.
Cómo podré explicaros
que el secreto es colocarse
las coloridas plumas de su cola
en el pelo
y confiar a cielo abierto
en nuestro sentido del humor