M
"
  • 0%
  • Unas palabras iniciales

    Daniel Herrera

    Buster Keaton
    Buster Keaton
    Federico García Lorca
    Federico García Lorca


    La generación de Lorca fue la primera en considerar el cine como un arte repleto de posibilidades poéticas y Buster Keaton fue su figura más admirada. Su rostro, que permanecía impertérrito en medio de explosiones, huracanes, demoliciones o ante emociones dramáticas de amor, de desamor, de muertes, asesinatos o persecuciones, encarnaba el ideal de lo que Ortega y Gasset denominó «arte deshumanizado». 

    En los primeros años 20, era lo nuevo, lo moderno, lo vanguardista.

    Aunque suele hablarse de Poeta en Nueva York, escrito en los Estados Unidos y Cuba entre 1929 y 1930, como el giro de Lorca hacia una estética de plena vanguardia, lo cierto es que ya en el verano de 1925 el poeta experimenta su renovación. En ese año, escribe los llamados Diálogos, entre los cuales, por longitud y relevancia, destaca «El paseo de Buster Keaton». Con esta obra cosmopolita inspirada en el nuevo arte Lorca intenta sacudirse la creciente fama de poeta costumbrista asociado con un andalucismo estereotipado y anclado en la tradición. 

    Así anuncia esta etapa creativa a su amigo Melchor Fernández Almagro: 

    «Me renuevo… Hago unos diálogos extraños, profundísimos de puro superficiales, que acaban todos ellos con una canción. (…) Poesía pura. Desnuda. Creo que tienen un gran interés. Son más universales que el resto de mi obra… (que, entre paréntesis, no la encuentro aceptable)».

    Al final de la obra se ofrece un estudio más amplio, pero antes, entremos en esta traducción digital de «El paseo de Buster Keaton», que intenta transmitir el aspecto vanguardista del texto respetando las preocupaciones estéticas de su autor.