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    • Índice
      • Sueño con grandes superficies lisas
      • A veces lo mejor
      • Un hipopótamo y una niña
      • Un muro de incienso
      • Deja de insultar al mono
      • Abrazos coaxiales
      • Verano
      • Distancia de luz
      • Una salida
      • Este feo asunto
      • Sarcófagos apilados tras las puertas
      • Días pares días impares
      • La chica que bajó a la playa y subió con medio pollo
      • Un poco de paz, por favor
      • El departamento del amor
      • Toma lo que es tuyo
      • El atraco
      • El resurgir de un imperio
      • Final
  • SUEÑO CON GRANDES SUPERFICIES LISAS

    La primera impresión:

    Este es un poemario narrativo, digo yo. Lo pienso, en primer lugar, por tratarse de una experiencia en la que siento que Max me lleva en su cabina. Somos testigos oculares de una experiencia poética-existencial. Planos oníricos y realidades tan duras como el cemento. El autor no escatima en sus defectos, ni en sus oscuridades, inclusive es un elemento necesario para trascender.

    Los olores, el sabor, las texturas, el cuerpo y sus delicias espúrias, son, eso lo entiendo, el condimento perfecto para la encarnación humana. Pero entonces Max me sorprende trayendo consigo una esperanza (un poco de paz, porfavor), que se traduce en la mirada o la cara de una mujer, que hace al narrador de este poemario mirar colores nuevos y salir de esa posible alcantarilla de la cual es deudor. Pero volvemos: condición necesaria para la trascendencia. Este no es un poemario cualquiera, no es poesía que somete al lector a la mentira, dice la verdad. Y le diremos la Verdad, Virgilio es Max, usted es Dante, deje de creer que no es humano.

     

     La segunda impresión:

    Max el presagiador, Max el profeta.

    En este mundo de tecnologías ecuestres, donde la libertad es falsa, la única vía de acceso al sitio más iluminado del planeta está aquí. En los aposentos de un redentor.

    Me he visto dentro de una cabina. Parece mentira, ¡pero no quería leer! Y entonces Max me habló desde las más longevas arcas del Saber, que no es sino un mismo recoveco. Allí, donde escapaban las angustias o se animaban crespas las olas del Poder, para caerme encima. Por lo que me dejé llevar en este trip de luces y sonidos. 21ún pasajes maravillosos. Oscuridades y pasadizos, verdades y anzuelos. Luces y sombras de esa cara sinuosa, que en un momento inesperado habla como cautivando una serpiente y a un oso pardo de ojos rojos.

    Hay que seguir el movimiento…¸así canta esa verdad catastrófica. Aguantar, pero no pensar en la caída. ¿Será posible, con tanto viento en Contra, y para colmo de Buenas, esa angustia que carcome como hongo o parásito lo poco de Cerebro y Consciencia que hay en estos momentos?

    Será…, pero, ante la cobardía de los oficinistas y las vaguedades de los intelectuales, la calle presenta ríos de sangre, y paseante se arrima poderoso a la barca del profeta. Yo he vivido, y me he muerto, ¿cuál es tu peor pesadilla?, apuesto a que decir la Verdad: sois humanos, materia viva, pero tranquilos, no es la única Salida, aún quedan puertas sin responder. No queda otra que subirnos.

      

    La tercera impresión:

    Esta es una obra que da respiro. Usted sólo déjese llevar. No hace falta ni siquiera pensar…, ¿pensaba usted? Esa combinación de relato poético, imágenes envolventes y sonidos, amerita unos auriculares y relajarse. Max te lleva, es un buen comandante. Iremos a por unas hamburguesas estelares, y luego haremos un atraco. Pero antes, mucho antes, miraremos profundamente esos tormentos portentosos que molestan en los bolsillos. Max es Caronte, y usted es Dante. Claro que sí; ¡por supuesto! Para trascender hay que fijar esa mirada en tus propios ojos. Tranquilo: nadie ha muerto aún. Este es el comienzo… todo está hecho de deseo, toma lo que es tuyo. En esa hecatombe precipitante, el autor sugiere que hay que alimentar el espíritu, hay que encontrar la libélula.

    Lo que quiero decirte es que acabo de encontrar el botón de auxilio, pero nadie llega. Parece necesario llegar al final. No sé a dónde vamos, quizás nos encontremos o quizás estemos ya perdidos. Entiendo que hemos perdido el tiempo, y que por si poco fuera lo mucho, ya es hora de partir. ¿Esa puerta, a dónde lleva? Anímate, hay un por qué escondido. 

       

    Cuarta sesión:

    Me he acercado aquí como las libélulas. Como los insectos que buscan la luz. Y es por eso que dejo todo aquí, y tomo lo que me pertenece. Son mis oídos prendidos a este aparato que deja de tener sentido si yo no estoy. El autor me configura. Siento repugnancia de la soledad estoica que aparenta prolija superstición. Pero, babeando, enciendo la radio, el televisor, y los apago instantáneamente a cambio de paz. Estos poemas, estos videos, estas guías existenciales me permiten soltar lo poco de consciencia que ha quedado en el tarro. Son envolventes, te llevan. Te muestran. Te narran. Te acerca y alejan, ¿y qué cosa? Las verdades y las mentiras. Los colores, y los sinsabores; y las formas disímiles de la realidad. Lo concreto, y lo onírico. Hay entonces un inicio donde yo estoy allí dándole play en la página de las Quince Letras, pensando que estoy por toparme con unas letras nuevas, pero ocurre otra cosa, ocurre lo que Max llama literacción. Poemas-narrativos, en vídeo, narrados por su autor. Interpretados por la música que han seleccionado los editores y las imágenes, que han ahogado las referencias verbales. Y emerge, sorprendente, la luz de la sombra. Nuevas fórmulas de extensión, de la mirada y los gestos. La voz de Max, su teatrillo marvelous. Hincando el diente, y susurrando con dedos de espinas la delicada piel del lomo de un tigre sin plumas. De un humano sonriente con máscara. Yo creo que se rompe, de esta forma de esta manera—, el propósito elemental de la construcción, digo, del orden que establece determinaciones imprecantes. Yo busco el aposento donde mi culo nervioso deja de florar, y larga semillas para las vidas nuevas. Pienso en la gran posibilidad, de que la poesía y la narrativa, de que esto llamado literacción, cambie el punto de vista. Haga virar a los que miran. Hipnotizar a los que piensan, y conducirlos dirigentemente al siguiente nivel. A la explosión, a la trascendencia de la letra, a la palabra, a la imagen. Planos y secuencias, cabinas y extraños pasajeros, estamos allí en un momento en el que no sabemos. Pero la compañía cruel, y la desesperanza, trae consigo revés de ternura. Manos dulces, que no se comen crudas. Palabras de bálsamo y labiales de mujeres. Esto es un viaje… déjate llevar.