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SOBRE LAS HETEROFONÍAS
La poesía
es un estupefaciente auricular.
Dicho así, suena bien.
De eso se trata: de decir (de la dicha de decir). De sonar.
Nos referimos a la conciencia como una voz. Obramos con consciencia (con scire) cuando sabemos distinguir lo que nos conviene de lo que no.
Los poetas parecen tener una voz más, una voz lírica, que les avisa del giro adecuado, la sintaxis correcta, la rima que deben emplear.
En la mitología árabe preislámica, los djinn (de donde viene la palabra «genio») contaban entre sus tareas con la de inspirar a los poetas, susurrando en su oído «remotos espejismos», de forma similar a como lo hace el viento. Otra de sus misiones era la de provocar enfermedades mentales.
De los locos decimos que están «sonados». ¿Será porque parecen «ensoñados»?
De eso se trata: de sonar. De ensoñar.
El poeta suele escuchar su conciencia, su djinn y (si así lo desea) el sonido del mundo para componer sus textos. Dos provienen del interior, una del exterior.
¿Qué pasa si anulamos la conciencia, enviamos al genio a un rincón y nos concentramos tan solo en el sonido de las conversaciones que nos rodean?
Vivir es sumergirse en un mar de lenguaje. Ser, como afirma María Ángeles Pérez López, «una herida en el lenguaje», y ser también heridos por él, irremediablemente.
Imagina el lugar más remoto del mundo. Será difícil que no se cuele allí alguna voz. Si lo logras, mira a tu alrededor. El silencio lo romperá, igualmente, un cartel, una tipografía, un logotipo. Estamos rodeados de voces. Estamos rodeados de símbolos. Estamos rodeados de gestos.
Entiendo la poesía como un gesto. Como una actitud. Como una tendencia. Como una dirección.
Como una atención. Como el antónimo de la amenaza. El poema puede ser amenazante; la poesía no. Sus gestos suelen ser imperceptibles —tanto que incluso hay quien cree que niega su existencia cuando en realidad lo que sucede es que no logra registrar sus gestos, mínimos casi siempre, superficiales en su profundidad—.
Gestos imperceptibles, como estallidos de bombas que no existen.
Vuelos de aves que no vuelan.
Gestos que suelen ser, también, paradójicos. Mascar un chicle invisible. Percibir miedos coloquiales.
Los gestos de los que no gesticulan. Los invisibles. Gestos imaginarios. Gestos fantasma.
Se piensa en ellos, pero no llegan a realizarse. Porque la poesía es imposible.
La poesía
es un estupefaciente auricular.
En «Las heterofonías» yo decidí drogarme con las conversaciones que estaban ahí, alrededor. Empecé escuchando lo que decían personas cercanas, copiando sus palabras y reordenándolas. Haciéndolas sonar más. Ya sonaban, pero reorganizando los discursos podían sonar más. Sonando las conversaciones. Ensoñándolas.
Después usé también libros, «fiestas para uno solo», como afirma el poeta Gallero. Al fin y al cabo, también uno dialoga con un libro. Luego utilicé obras de teatro, conferencias, presentaciones de libros, cursos. Cualquier fuente de voces resulta heterofonizable.
Las instrucciones son sencillas: no puedo escribir ninguna palabra que se me ocurra a mí. Tiene que decirla otro. Yo —o tú, si te animas— solo puedo ordenar los contenidos que otro, u otros, profieran. Como en un puzle.
Pedí varias ayudas a la creación para poder seguir construyendo este proyecto. No me las dieron.
LAS HETEROFONÍAS MEMORIA EXPLICATIVA
SINOPSIS ARGUMENTAL
«Las heterofonías» es un proyecto que se ajusta a los presupuestos de la escritura no creativa y las teorías sobre originalidad y autoría de Kenneth Goldsmith, atravesadas por el situacionismo, la «Teoría general de la basura» de Fernández Mallo, el concepto foucaultiano de la heterotopía, las ideas sobre la masa sonora de Idea Vilariño y algunos programas sobre la muerte del autor y la anonimia como el del conocido alias multiusuario Luther Blissett.
«Todos estábamos convencidos de que el mundo iba a convertirse en el imperio de lo visual, un lugar lleno de imágenes; pero si miramos a nuestro alrededor, lo único que vemos es gente que no para de escribir, leer y textear: vivimos inmersos en el lenguaje de un modo que jamás nadie se había atrevido a soñar», plantea Goldsmith, creador también de la web ubu.com, un inmenso repositorio de literatura conceptual. Para este autor, esta hiperabundacia, sin embargo, no es ninguna buena noticia. Como en «Fin del mundo del fin», de Cortázar: hay demasiados textos.
Si la autoría está en cuestión, no lo está el problema de a quién le pertenece ese tejido-de-todo al que llamamos «texto»: al menos en el caso de la poesía, parece ya aceptado que éste es, por encima de todo, del lector, si atendemos a autores como Barthes o Foucault.
ESTRUCTURA
De la musique avant toute chose: musicalmente, una heterofonía es una textura en la que se varía una sola línea melódica de forma simultánea. Aunque Platón ya utilizaba esta palabra, hoy en día no es muy utilizada, salvo en el campo de la etnomusicología. Se trata de un concepto relacionado con la polifonía, y el caso es que en las heterofonías hay muchas voces que interpretan una misma melodía con múltiples variaciones.
Esta es la idea central de un proyecto que, básicamente, entiende las conversaciones de un grupo de personas como heterofonías, es decir, como variaciones musicales (más allá de su sentido, que es en el fondo forma significativa) en torno a un mismo tema central compartido (melodía). Las diferentes voces (instrumentos) interpretan simultáneamente (de forma caótica y en ocasiones incluso irritante, cuando la yuxtaposición es excesiva) variaciones tonales, temáticas, ornamentales o rítmicas de una misma conversación-canción.
Partiendo de esta premisa semisinestésica, o más bien puramente poética (entendiendo lo poético como un canto condensado o, como afirma Valéry, una “oscilación entre el sonido y el sentido”), me dispongo a recoger, de forma más o menos arbitraria, entrópica o estocástica, y alumbrado por los experimentos con el cut-up que el poeta Brion Gysin le mostró a Burroughs, que fue quien los popularizó, fragmentos de conversaciones que suceden a mi alrededor.
En resumen, se trata de trabajar con materiales lingüísticos ajenos y ordenarlos de forma poética, es decir, armónica, y atendiendo a las reglas de la métrica española.
Hay un precedente fundamental de «Las heterofonías», que encontré a posteriori, una vez comenzado mi proyecto: el largo poema «Taberna», del poeta salvadoreño Roque Dalton. Un texto que recoge retazos de las voces tumultuosas que conforman las diferentes conversaciones escuchadas en un bar de Praga, y que la crítica ha analizado remitiéndose a la teoría del carnaval de Batjín.
En el triángulo que se establece entre emisor, receptor y lenguaje, «Las heterofonías» introducen un elemento nuevo y travieso —y batjiniano en cuanto a la deconstrucción o rompimiento de las rígidas estructuras organizacionales—, relacionado en realidad con el «ruido», en los viejos términos saussurianos, pero utilizándolo a favor de la creatividad y la formación de nebulosas lingüísticas.
Los poemas de «Las heterofonías» no incluyen ninguna palabra que no haya sido recibida de forma externa, y se rigen por esa sencilla ley. Ordenan los conceptos en versos, estrofas y estructuras sonoras concretas, tratando de adivinar un sentido otro y rastreando subtextos orales.
ESTILO Y CARÁCTER
«Las heterofonías» crean un marco que tensiona y pone en conflicto los planteamientos de Shannon, padre de la teoría de la comunicación, y la pragmática lingüística. Se insertan más bien en el universo desarrollado por Margaret Magnus, estudiosa de la fonosemántica, ya que proponen una utilización positiva de las interrupciones de la captación de sentido que acontecen constantemente en el habla coloquial, en las conversaciones más o menos casuales, más o menos elevadas. De esta forma, se trata de una obra que oscila entre la poesía escrita y la poesía oral o proferida, en términos de Zumthor.
El poeta experimental Felipe Boso afirmaba que la poesía libera al lenguaje de su carácter ancilar. En ese sentido, «Las heterofonías» reivindican la belleza de la poesía como estupefaciente auricular, como defecto de la percepción, como desbordamiento de sentido. Más allá de las fronteras entre la forma y el fondo, la música de la poesía no es en absoluto asémica. Su propia enunciación significa. Una conversación esconde capas y capas de sentido, que se entremezclan creando más capas aún. Para crear un texto poético, solo hace falta un director de orquesta (un poeta) que reorganice armónicamente lo dicho: la dicha de decir.
EXTENSIÓN APROXIMADA
La habitual de un libro de poemas: aproximadamente 600 versos, 30 poemas. Es parte del juego que, como en la escritura de Mirtha Dermisache, que mantiene en sus cartas garabateadas el andamiaje clásico de la misiva, con su encabezamiento, su fecha y su firma final, la estructura general de «Las heterofonías» sea lo más tradicional posible.
PROPÓSITO DE LA OBRA
Recibir el estímulo de la escritura desde una fuente externa. Ser el espectador del flujo del lenguaje. Reconstruir el diálogo. Homenajear a Nicanor Parra y su escucha coloquial, su desorientación poemática. Reivindicar la oralidad, imaginar un lenguaje primigenio, una hoguera, una tribu. No ser creativo. O serlo, pero desde un lugar diferente. No añadir poesía a la poesía. Ver con los oídos. Escuchar con los ojos.
ALCANCE
Se trata de un proyecto que puede resultar interesante para los poetas —como sucede casi siempre con la poesía toda—, para los estudiantes de poesía y para los mejores exploradores del idioma: los niños. Todos ellos podrán recrear la fórmula heterofónica. Para ello solo hace falta acercarse a una conversación cualquiera, a la manera de la Sophie Calle de las «Filatures parisiennes», y prestar atención. Una atención, eso sí, distraída, como quería Supervielle.
El propósito final es sin embargo que el público general disfrute de las filigranas de la reordenación textual: que el resultado sea estético y poético, no solo conceptual.
Escuchando a los otros, atendiendo a las heterofonías de sus conversaciones, nos convertimos en espías del sentido, en extranjeros del diálogo, en malabaristas de la oralidad: en poetas, al cabo.
Nace hoy
Nace hoy, 15 de julio de 2024, la primera edición de «Las heterofonías», en este caso digital, gracias a la voluntad de exploración y la audacia editorial de Las 15 letras.
Una edición que quiere ser interminable: al final del libro podrás escribir un comentario. Cuando haya varios comentarios, estos serán convertidos en heterofonías que pasarán a formar parte del libro.
Siendo, como son, las heterofonías texturas caracterizadas por la variación simultánea de una sola línea melódica, seguirán creciendo, variando y escribiéndose y publicándose en diferentes formatos, versiones y permutaciones. Podrán surgir incluso heteroheterofonías, mezclándose entre sí.
El poeta es un DJ. Y dentro de un poema
hay
otro poema.
DENTRO
hay un silencio dentro del silencio
una verdad dentro de una verdad
hay un poema dentro del poema
una palabra y dentro una palabra
un jardín que se esconde en un jardín
un pájaro en el aire: aire de pájaro
un juego de jugar jugando a un juego
un sentido que yace en un sentido
una voz viva dentro de una voz
un milagro en la idea de un milagro
un yo en el interior de un mismo yo
un amor en el mundo: amor de mundo
una piedra en el centro de una piedra
una muerte en el fondo de una muerte
un corazón en ese corazón
una montaña y dentro una montaña
una piel por encima de una piel
un sosiego en el sí: sí de sosiego
una semilla y dentro una semilla
un fuego en el lugar de un mismo fuego
una música dentro de una música
una nada en el fondo de una nada
una sed en el fondo de una sed
un lugar sin espacio: no de espacio
hay un miedo que está ahí en un miedo
un viaje en la mitad de un mismo viaje
un cielo que se supone en un cielo
una estructura en una estructura
una vida naciendo en una vida
una imagen de sal: sal de la imagen
una luz en el centro de una luz
una casa en el tiempo de una casa
un dolor por debajo de un dolor
un esfuerzo en el centro de un esfuerzo
un interior dentro de un interior
una sombra en el tú: tú de la sombra
AGRADECIMIENTOS
A Benjamín Escalonilla, por su dedicación absoluta a la prospección literaria.
A Rubén Kielmannsegge, por crear las atmósferas mejores.
A Antonia Castaño, por ser heterofónica.
A Las 15 letras editorial, por ser mi casa digital.
A todas las personas que me dejaron escucharlas.
A ti.

Gonzalo Escarpa