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    PEDIR, a través del boletín, que los suscriptores nos envíen insultos y frases homófobas grabadas con su móvil. Estos sonidos se montarán en un audio, que será lo que se escuche aquí. Haremos esto mismo con otros poemas, si creemos que puede ser interesante. Se acreditarán las voces de todos.

    EL gesto sereno.

    Los labios mudos.

    La mirada

    puesta en ese sueño que es una plaza.
    Los pies por el asfalto como por la arena
    de esas playas que recorrías de niño.
    Ajeno a los gritos,

    lejanos,

    de tu madre,

    a sus prohibiciones cronometradas en el baño
    o las recomendaciones para beber el zumo de naranja.

    franja1

    Ajeno a todo aquello que no sea

    aire y
    arena y
    fuego y
    horizonte de olas.

    Con tus rizos,

    como si fueran una bandera,

    con esa sonrisa

    que rompía esquinas,
    que iluminaba rincones,
    que modelaba campañas

    en las puertas siempre abiertas de los supermercados.

    franja2

    Pero ahora el gesto sereno,

    la sonrisa cerrada

    en medio de un río que se desborda en insultos,
    ese río de lluvias escondidas en los braseros
    y en las camisas azules del fondo del armario.

    Y las bocas desencajadas

    y el insulto en la sangre,

    en esa sangre mensual de las caricias nunca recibidas.

    franja3
    Las dentaduras postizas hacen equilibrios acróbatas
    para no caer al suelo en el odioso grito de la tarde.
    Tres gargantas como tres estercoleros gritando a tu paso.
    Y tú lo sabes,
    gesto sereno,
    de perfil.
    Y nosotros lo sabemos,
    manteniendo ocultos, por ahora, los puños de hierro.
    (Y ellos lo saben.
    Siempre lo han sabido
    aunque siguen aún hoy sin querer reconocerlo).
    franja4
    Estos labios gritan porque nunca han sido besados.
    Estas lenguas gritan porque nunca han sentido
    la caricia temblorosa de un rincón del cuerpo.
    Estos dientes gritan porque siguen hambrientos
    de un mordisco,
    de un gesto,
    de una herida.
    Estos ojos gritan porque nunca han visto el deseo
    reflejado en la circunferencia perfecta de otros ojos.
    franja5
    Y tú,
    tú, un dios rizado,
    sereno,
    caminando entre fieras,
    recordándonos,
    en blanco y negro,
    que las fieras siempre vuelven,
    que ahora,
    un día más,
    acechan nuestros pasos
    y buscan gritarnos desde la oscuridad de sus armarios.
    franja6
    Ahora solo lo desean.
    Ahora solo se atreven a intentarlo por la noche,
    mientras brillan sus colmillos blancos y sus dientes negros.
    Pero un día vendrán a tu plaza,
    y allí les estaremos esperando,
    con el gesto sereno,
    y la rosa en la silueta de nuestros labios.
    Y los tacones de purpurina,
    y los puños bien cerrados,
    dispuestos.
    Primera fotografía