Volver a: Lo efímero.
Valladolid sí tiene circunvalación. La discoteca a la que acudimos, Komplot, está en el área metropolitana, cerca del aeropuerto, en un pueblo llamado Zaratán. Una vez allí, nos dejamos guiar por los coches tuneados. Al llegar al aparcamiento el vello del brazo se me eriza; nunca había visto un parking tan grande, ni tantos coches desplazados a un evento. Debe haber más de dos mil personas. El cartel merece la pena: Óscar Mulero y Ben Sims mano a mano. Estoy entusiasmado. Es mi primera rave de este nivel. Mi bautizo de éxtasis. Aguardamos la cola, pagamos el importe, cruzamos el ambigú y nos sumergimos en la oscuridad de la pista.
En la barra coincidimos con un grupo de chavales de Valladolid. Óscar no tarda en preguntarle si venden coca. La consume porque tiene que conducir. O eso dice. Yo la detesto, me parece una sustancia inútil para una rave. Los chavales de Valladolid nos remiten a un grupo de sevillanos que, al parecer, suministran todo tipo de estupefacientes. Nos dirigimos a uno de ellos. Tiene el pelo corto y una sonrisa permanente en la boca. Nos pide que le acompañemos al coche. Tardamos un rato en encontrar el Audi 80 negro. Me fijo en su matrícula, es peculiar: SE 2323 ES.
Algunos de sus colegas están en el vehículo. Abre la puerta, les dice que va a hacer una venta y les pide que salgan. Óscar, Cristian y yo nos metemos dentro. La música suena a un volumen desorbitado. El sevillano la baja para que podamos entendernos. Nos pregunta qué queremos. Empiezan las disensiones. La unidad que había durante el viaje se ha quedado en el asfalto. Óscar compra coca, Cristian un tripi y yo, por fin, la deseada cápsula. Volvemos al local. El dj residente está a punto de acabar su sesión. El británico Ben Sims va a comenzar su espectáculo.