Cuando desperté lo primero que hice fue lanzarme hacia el teléfono. Una notificación. Noah había respondido.
El corazón me dio un vuelco. La vida después de la muerte existía.
«Hola Chloe, estoy bien. Aquí en Madrid con mucho trabajo, pero con mucho éxito».
Quería responder inmediatamente. No podía dejarle escapar de mi vida de nuevo, pero esperé cinco minutos evitando mostrar mi absoluta impaciencia.
«Me alegro muchísimo, de verdad, te mereces todo lo mejor. Me gustaría poder quedar contigo algún día para charlar tranquilamente».
Tenía que quemar mi último cartucho para verle de nuevo, aunque fuese una sola vez en mi vida. Inmediatamente respondió.
«Cuando quieras, suelo salir a las 17.00 si no me ponen reuniones. Dime cuándo te viene bien y quedamos cerca de mi trabajo, en la Embajada de Estados Unidos, en Madrid».
Los dioses me daban de nuevo la oportunidad de reconciliarme con Noah y quitarme esa angustia de una brecha que se había mantenido abierta durante un año.
«Hoy tengo un rato por la tarde, si quieres quedamos para tomar un café».
Mis dedos tecleaban más rápido que mi cabeza. Me había echado la manta a la cabeza. Quería ver al hombre de mi vida cuanto antes.