Sobre las nueve de la noche desperté de mi sueño. Lo primero que hice fue encender el teléfono móvil. No había respondido a mi mensaje. 

En ese momento oí el tintineo de las llaves de casa abriendo la puerta. Se escuchó un portazo.  Seguramente Diego había tenido un mal día en el trabajo. 

¡¿Y la cena?! fue lo único que dijo. 

Intenté levantarme como pude de la cama. Me pesaban las piernas. Me ardía el alma. 

Espera, ya voy que estoy en la cama, no me encontraba muy bien. 

Siempre estás con algo, hay que joderse. Diego me hacía sentir siempre como la peor persona del mundo—. Déjalo, ya me hago yo algo, total, para lo que me vas a hacer tú. 

Era injusto lo que mi marido estaba haciendo conmigo. Me sentía completamente anulada y frustrada, como mujer, como pareja, como persona. 

Creo que voy a salir a dar una vuelta a despejarme un poco necesitaba huir de ese momento y ese lugar cuanto antes. 

Diego ni contestó.

El cruzar el umbral de mi casa me volvió a dar la libertad que había perdido. Comencé a andar sin rumbo fijo. No sabía donde ir ni lo que hacer. De repente recordé el local en el que había conocido a Noah y decidí volver al lugar que me dio la vida. 

La distancia es lo que tiene y el amor platónico alimentado en nuestra memoria es capaz de mantenerse hasta que el destino toma partido y destruye todo lo que había sido indestructible. 

Una cerveza por favor — le pedí al camarero que se encontraba limpiando una de las mesas del local.

Cerré los ojos, y disfrutando de ese momento de soledad en el que no tenía que dar cuentas a nadie, pensé en el instante en el que él se había cruzado en mi vida.

Hola Chloe —de repente la voz de Noah hizo que mi cuerpo se estremeciese de nuevo. 

Giré la cabeza con el miedo y los nervios de una adolescente en su primera cita.  Allí estaba. Imponente, seductor y con esa mirada que tantas veces había hecho que me derritiese solo con pensarlo. 

¿Qué haces aquí? es lo único que pude articular—. No podía creer que apareciese de nuevo en mi vida.  

Noté que me estaba sonrojando por momentos. Mi mente quería decir una cosa, pero mi cuerpo expresaba otra. Era como volver de nuevo al pasado y sentir que el tiempo se había detenido y jugaba a mi favor. 

Estás muy guapa me dijo mientras tomaba asiento a mi lado traspasando con la mirada hasta lo más profundo de mi ser. 

Esa frase me trasladó al pasado. La misma conversación, dos miradas cómplices buscándose ansiosamente y el deseo de ser el otro en ese mismo momento. 

Tú también mi gesto lo debía decir todo. Me había atravesado el corazón por completo y noté cómo este empezaba a acelerarse sin control. 

Un Gin Tonic, por favor alzó su brazo llamando al camarero. Bueno Chloe, no me esperaba que me fueses a escribir para nada dijo con media sonrisa. 

No sé qué decirte, fue un impulso repentino, pero sinceramente creía que ya no volverías a aparecer en mi vida. 

Sabía que vendrías aquí. Estaba seguro. No digas nada. Solo quiero que me mires. 

En ese momento fue cuando supe que Noah y yo íbamos a traspasar la línea invisible del deseo.