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Berta cierra comunicación y se pausa. Después de sus saltos, su chillido, sus risas porque os vais a ver en presencial, se ha quedado quieta, en pausa; y el contraste produce un enorme silencio. Su acaloramiento por la noticia se ha apagado o se ha transformado en algo que parece reflexión o duda.

Se sienta.

Está sentada en un Centro público; nunca imaginó que su primer encuentro con Cero fuese a acaecer en un lugar así, tan absurdo, pero no ha sabido cómo reaccionar. Sigue sin saberlo.

No se mueve. Está quieta. Con la mirada fija. Una de las manos en su cuello. La otra, colgando.

¿Tendrá algo de razón Cero? ¿Cambiará su relación con la presencialidad? ¿Viene a verla por ella o de verdad quiere? ¿Cuánto la quiere? ¿Cuánto de lo que hacemos los clones lo hacemos por nosotros mismos? ¿Cómo será ser original? Ella nunca se clonaría.

Pide un rascador para distraerse.

Rasca sin interés. Claramente sabe hacerlo, el inerte que se dirigía a ella para explicarle, se ha frenado. Berta ha rascado olor y ha olido, ha rascado sonido y ha pegado el oído, así que el inerte decide ignorarla. La deja sola.

Pasan minutos. Su mirada está fija en ningún punto sin significado que parece atravesar con la vista o que simplemente no ve. Se pasa la lengua por los labios; se le habían secado.