La aparición de los sintetizadores en el ámbito académico, a finales de los años cuarenta, fue la semilla que haría germinar la música electrónica. Aunque su uso no se popularizaría hasta los años setenta, de la mano del grupo alemán Kraftwerk. Era el momento de la música Dance, la música de baile que llenaba las discotecas. La gente quería bailar ritmos negros, percusiones que contribuyesen a la catarsis, que actuaran con el mismo fin que persiguen los ritos de los indios americanos. El Dance surgió del Rythman Blues y del Soul, y contaba con un importante componente espiritual que serviría de raíz a la cultura club que estaba por venir.

A principios de los ochenta aparecieron en el mercado los sintetizadores digitales, y poco después los sampleadores, que trabajaban con muestras. La corriente pop fue una de las primeras en utilizar este avance. Grupos como Depeche Mode, The Human League, Eurithmics o New Order, crearon una nueva tendencia: el Synth-Pop.

La veda de la nueva música estaba abierta y muchos músicos y compositores decidieron investigar las posibilidades de esta revolución. La utilización de los samples en la música negra desembocó finalmente en la creación de los primeros estilos genuinamente electrónicos: el House de Chicago y el Techno de Detroit.

Ambas tendencias marcaron un antes y un después en el desarrollo de la electrónica. Gracias a ellas, la figura del dj, del mezclador de fragmentos, comenzó a ser el eje de las sesiones de las discos. Estilos derivados del House, como el psicodélico Acid-House, crearon el concepto de Rave, de Fiesta. Había nacido la cultura de club: el clubbing.

Cuando la nueva ola cruzó el Charco se desarrolló un sinfín de estilos que creció a velocidades vertiginosas. Pero quizá el más trascendente y propiamente europeo haya sido el Trance, con melodías y ritmos progresivos.

La aparición de los sintetizadores en el ámbito académico, a finales de los años cuarenta, fue la semilla que haría germinar la música electrónica. Aunque su uso no se popularizaría hasta los años setenta, de la mano del grupo alemán Kraftwerk. Era el momento de la música Dance, la música de baile que llenaba las discotecas. La gente quería bailar ritmos negros, percusiones que contribuyesen a la catarsis, que actuaran con el mismo fin que persiguen los ritos de los indios americanos. El Dance surgió del Rythman Blues y del Soul, y contaba con un importante componente espiritual que serviría de raíz a la cultura club que estaba por venir.

A principios de los ochenta aparecieron en el mercado los sintetizadores digitales, y poco después los sampleadores, que trabajaban con muestras. La corriente pop fue una de las primeras en utilizar este avance. Grupos como Depeche Mode, The Human League, Eurithmics o New Order, crearon una nueva tendencia: el Synth-Pop.

La veda de la nueva música estaba abierta y muchos músicos y compositores decidieron investigar las posibilidades de esta revolución. La utilización de los samples en la música negra desembocó finalmente en la creación de los primeros estilos genuinamente electrónicos: el House de Chicago y el Techno de Detroit.

Ambas tendencias marcaron un antes y un después en el desarrollo de la electrónica. Gracias a ellas, la figura del dj, del mezclador de fragmentos, comenzó a ser el eje de las sesiones de las discos. Estilos derivados del House, como el psicodélico Acid-House, crearon el concepto de Rave, de Fiesta. Había nacido la cultura de club: el clubbing.

Cuando la nueva ola cruzó el Charco se desarrolló un sinfín de estilos que creció a velocidades vertiginosas. Pero quizá el más trascendente y propiamente europeo haya sido el Trance, con melodías y ritmos progresivos.