Soma 4a

—Parece malhumorado dijo el Predestinador Ayudante, señalando a Bernard Marx.
—Seis años después se producia ya comercialmente la droga perfecta.
—Vamos a tirarle de la lengua.
—Eufórica, narcótica, agradablemente alucinante.
—Estás melancólico, Marx. —La palmada en la espalda lo sobresaltó. Levantó los ojos. Era aquel bruto de Henry Foster—. Necesitas un gramo de soma.
—Todas las ventajas del cristianismo y del alcohol; y ninguno de sus inconvenientes.
«¡Ford, me gustaría matarle!». Pero no hizo más que decir: «No, gracias», al tiempo que rechazaba el tubo de tabletas que le ofrecía.
—Uno puede tomarse unas vacaciones de la realidad siempre que se le antoje, y volver de las mismas sin siquiera un dolor de cabeza o una mitología.
—Tómalo —insistió Henry Foster—, tómalo.
—La estabilidad quedó prácticamente asegurada.
—Un solo centímetro cúbico cura diez sentimientos melancólicos —dijo el Presidente Ayudante, citando una frase de sabiduría hipnopédica.
—Solo faltaba conquistar la vejez.
—¡Al cuerno! —gritó Bernard Marx.
—¡Qué picajoso!
—Hormonas gonadales, transfusión de sangre joven, sales de magnesio…
—Y recuerda que un gramo es mejor que un taco.

Y los dos salieron riendo 

Extracto de Un mundo feliz, de A. Huxley.