Pablo Medel nos habla de su obra «Tijeras».

Hay gente que sabe que, además de plumas y lápices, suelo llevar encima unas tijeras y un tubo de pegamento. Hay muchas razones, pero la más importante es que así defiendo mi habitual lucha contra esa metáfora tramposa de la hoja en blanco; el mundo está lleno de palabras. Las imágenes están ahí. No hay más que recortarlas, reordenarlas, pegarlas y colocarlas en otro contexto. Más de una vez me han preguntado si se publicarían o no todos esos recortes. Y siempre dije que faltaba una editorial donde encajara el proyecto. Hoy me desdigo: sí existía y se llama «Las quince letras». A la selección de recortes del acertadísimo Benjamín Escalonilla, se suman collages sonoros de aquí y de allá, lecturas mías de algunos poemas y la colaboración del gran Jorge Cárdenas.

Pues, sí. Son muchos años de recortar y pegar. En tiempos como estos, cada vez me gusta más trabajar con paciencia y sin presión. Muchas veces apliqué restricciones, como hago en todas mis novelas, más o menos oulipianas. En este caso fueron: no combinar palabras de diferentes secciones, no separar palabras por letras, y eso sí: resignificar siempre los contextos originales. Si no, fuera. ¡Y que viva el OuLiPo!

Creo que lo que dijo el viejo Barthes tiene mucho que ver. Sus Mitologías nacen, como él mismo cuenta, de la lectura azarosa de una revista de moda en una peluquería, el Olimpo de las tijeras. Luego llegaron Bachelard, Eliade y hasta Campbell. Esto es, el interés por ver qué hay más allá de lo visible y, sobre todo, de lo decible. Después entró el recorte, el juego, el descontexto y mi lucha personal (ahí sigo) contra la falsa metáfora de la hoja en blanco.

Incluso más (aún): siempre quise armar un discurso poético sin escribir una sola palabra. Dicho y hecho. Una selección de estos cuadernos, con paisajes sonoros grabados durante este último año (y pensando, a veces, qué haría un flâneur como Baudelaire con un teléfono encima), han dado forma a mi último y querido poemario que toma el nombre del instrumento que lo hizo posible: «Tijeras». Ellas abren y cierran todo eso, como la pluma cervantina que acaba siendo la voz narrativa de esa obra de cuyo nombre siempre queremos acordarnos.

Ánimo con todo y recuerda que, más alla de lo parezca, es posible cambiar la realidad ✂️.

Muy feliz de poder presentarles «Tijeras». Pueden leer una muestra gratis y, si les gusta, hacerse con una copia. No se corten. No se recorten. O sí. Sea como sea, feliz semana y recuerden lo más importante: si ajustamos la mirada de otro modo es posible cambiar la realidad. Que nos hace falta. ¡Ahí les va!

Pablo Medel