La regla se me había retrasado dos semanas. No era lo habitual ya que, a no ser que hubiese tenido un periodo de mucho estrés, era bastante puntual en aparecer. No le dí mucha importancia.
«Será la ansiedad de estas últimas semanas», pensé.
Mi relación con Noah había creado en mí un sentimiento de angustia ante la posibilidad de ser descubiertos por mi marido.
—No me ha venido el periodo —creí que Noah debía estar al corriente de esto.
—No te preocupes cielo —me agarró de las mejillas besándome suavemente en los labios.
—¿No pasará nada no? —quería que me reafirmase mi temor infundado.
—No, ¿y si pasa qué?, yo quiero tener un hijo contigo Chloe —los ojos de Noah revelaban su ilusión por ser padre.
Sus palabras produjeron en mí un sentimiento de paz que no había sentido nunca con Diego. Yo también deseaba tener un hijo, y que el hijo fuese de Noah. Al fin y cabo, si me quedaba embarazada sería fruto de un amor eterno e indivisible, que demostraría que no hay nada que pueda anteponerse al amor verdadero.
Por primera vez en mi vida no me agobiaba la posibilidad de tener un hijo porque sería, por primera vez, un hijo deseado.
¿Cómo reaccionaría Diego al saber que el hijo que engendra su mujer es de otro hombre? ¿Sería capaz Chloe de revelar esta verdad alguna vez a su marido? ¿Noah asumiría su rol de padre cuando supiese la verdad?
Nuestro día a día es una montaña rusa de sentimientos, emociones y experiencias y cada uno de nosotros tenemos que tomar decisiones que cambiarán el rumbo de nuestra vida. Hay cosas que suceden por destino y otras en las que somos dueños de poder mover las piezas de la vida. ¿Y si Chloe hubiese sido más arriesgada y no hubiese estado pendiente de la opinión de los demás? ¿Habría encontrado la verdadera felicidad? ¿Qué opinas?