Bueno Chloe, cuéntame qué tal tu vida un muro se acababa de construir entre nosotros—. ¿Cómo te va de casada? su tono de voz denotaba que le interesaba bastante poco mi vida. 

Ehh, bien en ese momento opté por tapar la verdad. Noah había venido con una actitud altiva y guerrera—. Yo solo quería quedar contigo para pedirte perdón. No estuvo bien lo que hice. 

En ese momento me sentí fatal. 

¿Y qué esperas? ¿Qué haga como si no hubiese pasado nada?  el rencor es poderoso y sabía a lo que me atenía cuando decidí quedar con él. 

No he venido a que reproches mi conducta Noah, bastante tiempo me ha llevado tomar esta decisión de querer arreglar el desastre que hice para mucha gente. 

Cambié toda mi vida en Estados Unidos por estar junto a ti y así es cómo me lo agradeciste, yéndote con tu pasaporte a la tranquilidad. Creía que la herida ya se había cerrado, Chloe, pero al verte has removido de nuevo todo lo malo que hay en mí y no quiero eso en mi vida. 

Por favor Noah —supliqué ferozmente para que me escuchase—, al final no contraje matrimonio. 

Me da igual si te casaste o no la ira se había apoderado de él—, el daño que me hiciste fue tanto que no quiero volver a verte en mi vida.

Se levantó cogiendo la chaqueta que había dejado colgada en el respaldo de la mesa y mirándome fijamente, dijo:

Deseo que seas muy feliz, Chloe. Hasta siempre. 

Ese hasta siempre quedaría grabado en mi cabeza por el resto de mis días. Me había dado la peor puñalada que se le podía dar a una mujer: el desamor. 

Me quedé en la mesa sin saber qué hacer. Tenía la horrible sensación de haber destrozado la vida a muchas personas. En primer lugar, a Noah. Le había condenado a cambiar su residencia, su familia, sus amigos, en definitiva, su vida por mí y se lo había agradecido de esta forma: dejándole solo. 

En segundo lugar, a Diego y su familia. Aunque no estaba enamorada de él, tampoco había sido justo el mantener esa situación durante tanto tiempo y hacerle pasar esa vergüenza en el altar. Si yo estaba enamorada de Noah debía haberle hecho conocedor de ello para que, por lo menos, le hubiese dado la opción de elegir su libertad antes de la humillación social. 

Y por último, yo. Había aguantado una mentira hasta que ya no pude más por no saber decir las cosas a tiempo. Había hecho daño, mucho daño a muchas personas y eso es algo que quedaría grabado en mi cabeza para siempre. 

No, no podía cargar con esa culpa. Mi alma no se lo perdonaría nunca. 

Avancé sin rumbo fijo, como un ánima en pena recorriendo las calles de la ciudad.  Por un momento dejé de pensar. Me sentía bien. Mis pies se dirigieron hacia una de las pasarelas que flanqueaban la gran arteria de la ciudad. Había pasado cientos de veces por allí, pero nunca la había mirado con esos ojos. Sería mi salvadora…

Cerré los ojos y salté al vacío. En ese momento brindé por todas aquellas personas que, en un acto de locura deciden su futuro. Por primera vez en mi vida me sentía libre. Completamente libre.

FIN

SEIS

 

 

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