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Erin

—Álex… has bebido, no digas cosas que no sientes. Además, estás con Elena.

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—Lo dejamos hace unos días —contestó—. Tenía que decírtelo, porque si no lo hacía hoy, no iba a atreverme nunca.

Y ahí, con sus ojos color miel clavados en los míos, me dijo lo que llevaba años deseando escuchar:

—Te quiero. Y creo que no voy a querer a nadie como a ti.

Me quedé paralizada. El ruido del salón desapareció para mí durante unos segundos.

Y entonces lo sentí que sí, que yo también estaba enamorada de Álex. Desde siempre. Perfecto.

En ese momento escuché a Martín llamándome desde la pista:

—¡Erin! ¡Ven! ¡Van a dar los premios del año!