—No quiero que hagamos nada de lo que luego nos podamos arrepentir Chloe, pero ahora mismo solo quiero tenerte entre mis piernas—. Noah iba a quemar su último cartucho, no tenía nada que perder. Si sentía algo por él ese era el momento en el que podría sincerarme.
—Sé que esto es una locura, pero no quiero dejarme llevar por lo que siento Noah. Es precioso lo que estamos sintiendo el uno por el otro y este momento quizás no se repita el resto de mi vida, pero no quiero arrepentirme de hacer algo que me pueda perjudicar en mi matrimonio —la razón tenía que imponerse sobre mis sentimientos hacia él, por muy duro que fuese.
—Chloe, no eres feliz ¿Por qué te encargas de destruirte a ti misma? ¿Eres consciente de que vas a estar luchando toda tu vida por unos sentimientos contradictorios? —Noah tenía toda la razón, pero no podía escucharle. Al final él estaba actuando por unos sentimientos hacia mí que no me iban a dar la estabilidad que iba buscando en mi vida.
Yo era la que tenía que dirigir mi propio camino y con Noah posiblemente no consiguiese ser feliz. Ahora mismo estaba instalado en la capital, pero seguramente, algún día volase de nuevo a su país y me quedaría sola y abatida pensando en este momento.
No podía permitir que la vida que tenía ahora se fuese por la borda por un capricho en forma de dios romano. Yo ya había elegido y esa elección me permitiría vivir más tranquila el resto de mi vida.
—Noah —le abracé fuertemente hasta que sentí su corazón bombear fuertemente de nuevo – estoy enamorada de ti, pero tengo que ser racional y pensar en mi futuro. Lo nuestro es una locura y no puedo hipotecarme eternamente buscando una felicidad que posiblemente solo esté en mi cabeza.
—Chloe, lo que siento por ti va más allá del entendimiento. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida —Noah cogió entre sus manos mi rostro y se acercó a mis ojos con una intensidad que hizo que mi cuerpo temblase de nuevo—. Te quiero. Es lo único que puedo decirte.