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Respondes desde ahí mismo, junto a Eus.

Berta te habla rabiosa por las devoraciones y los devoradores. A voces. Bajas su volumen y hablas en un tono frío, desapegado, que Berta no interpreta o no hace caso, pues continúa con su indignación, con su frustración. Ella no puede ver que Eustaquio está ahí mismo. Él no puede verla quejarse y gesticular y dar vueltas.

Eustaquio se levanta a comprobar la compuerta, coge una manzana y se vuelve a sentar frente a ti. Has cruzado las piernas y te encorvas sobre ti mismo. Berta se sienta en el suelo.

No puedo aguantar esto, Cero, tengo miedo, no hemos conseguido encontrar a muchos de ellos. Ya, Berta, es horrible; las devoraciones nunca debieron producirse, han generado un dolor horrible para nada. ¿Cómo para nada? Pues eso, Berta, que encima no ha servido de nad/. ¿Y si les hubiese servido, entonces sería menos horrible? Berta, no tergiver/. Cada vez te entiendo menos, Cero. Joder, Berta, lo que quiero decir es que por grande que sea el premio es estúpi/ El premio es lo de menos, Cero, solo importa la violencia, han mordido y matado, me estás dando miedo tú también. ¿Cómo, por qué yo, y por qué no me dejas acabar ni una frase de mierd/ ¿A qué viene tu reticencia a vernos de forma presencial? No sé que tiene que ver eso, Berta. ¿No será que temes hacerme daño, Cero, no será que empieza a atraerte la violencia? Vete a la puta mierda, Berta; vete a la jodidísima puta mierda, todavía/

Pero cierras sin terminar la frase. 

Cierras la comunicación. 

COMUNICACIÓN CERRADA.

Has cerrado cerrado —te dices—, esto es definitivo, maldita sea; lo has cerrado todo porque así lo has decidido o así lo has sentido, y porque así eres —piensas—: binario. Cero o Uno.