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—Soy mi ADN, Berta; eso me determina.

—Uno toma las decisiones libremente, no es tu ADN quien las toma por ti. 

—Pero condiciona. Siento que estoy programado.

—Todo condiciona, Cero, también la discriminación que supone ser clon, la sociedad que te ha tocado vivir, la suerte de haberme conocido —¡ja!—; eso nos pasa a todos. Quiero decir, no te obsesiones con el ADN, solo es una variable más, querido.

—No me digas querido, así me llama él. 

—Pero si yo sí te quiero, qué culpa tengo de que Eustaquio también te diga querido; díselo a él ; atrévete a algo con él de una vez, Cero, por favor.

Lo último lo ha dicho casi chillando. No tienes ni un año. Acabas de nacer. Todo pesa demasiado.

—Berta, no me veo capaz de hacer más de lo que hago.

—Sí que lo eres, ya has hecho mucho, deja de compadecerte. 

—Tengo razones para quejarme, créeme. 

—Todo el que se queja tiene sus razones, claro que sí, pero la vida no merece la pena vivirla compadeciéndose. 

—Mierda, Berta, así que ahora el problema lo tengo yo.

—Sí, querido; si quieres encontrar lo que hay más allá de esos condicionantes, tendrás que hacer algo más; ¿quieres que nos veamos y lo hablemos de forma presencial?

—Joder con tu manía presencial, todo lo solucionas con eso; lo que me ayudaría es que me atosigases un puto poco menos/

Se corta la comunicación. Berta ha cortado la comunicación.