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Entra comunicación de Berta. Te sobresaltas. Han pasado dos días desde que hablasteis por última vez; crees que va a insistir en veros de forma presencial, pero no, es otra cosa, te comunica por algo que ha escuchado contra vosotros, los clones.

¿Has oído lo que han dicho? ¿Quiénes? Los desgraciados de Matura; nos señalan como parte del problema superpoblacional. Exigen el derecho a LON del individuo, pero luego quieren prohibir la clonación, ¿entiendes dónde nos deja eso?

—Supongo que se refieren a la procreación en general y no solo a la clonación.

—Sí, pero no hace falta aplicar la transitividad para ver que a ti y a mí y al resto de clones no nos cuentan como individuos.

—En parte tienen razón.

—¿En qué puta parte tienen razón, Cero, en señalarte con el dedo por ser clonado?

—Con el problema poblacional que tenemos, si ya existe uno ¿por qué permitir que haya dos individuos iguales?

—No me jodas, Cero, de verdad. El problema es el consumo de ciertos grupos de individuos privilegiados, no de la población. Eso que dicen es egoísmo puro.

—No sé por qué tienes tanto horror al egoísmo, Berta. Es parte del sistema natural; está en el ADN de cada uno de nosotros.

—¿Pero de qué hablas, Cero?

—De que el equilibrio se produce porque cada uno se preocupa por sí mismo, ¿entiendes?

—Lo que entiendo es que Eustaquio se te está metiendo dentro, Cero, por eso hablas así, por eso no quieres quedar en presencial; eso es lo que entiendo; que cada vez te le pareces más.

—Es que yo soy Eustaquio, Berta.

—¡No! Tú sólo eres su clon.

—Eso lo es todo.

—Claro que no.

—Berta, su condición es mi condición; no sé si tiene sentido que estemos juntos, porque tú le odias y yo soy él o tiendo a él.

—¿Que tiendes a él? No me vengas con eso para justificar que no quieras que nos veamos.

Y corta.

Berta ha cortado la comunicación. Ha vuelto a hacerlo. Pero esta vez es distinto.

Lloras con lágrimas largas y lentas, predestinadas; todo te parece inevitable. Lloras en alto, no te importa que te escuche Eustaquio. Te abandonas al lloro desconsolado; llevas días queriendo sacártelo y ahora dejas que todo ese dolor y toda esa frustración e incomprensión, ese desconcierto, se vuelvan líquido lacrimoso y se arrastre fuera de ti, mejillas abajo, entre los dedos de tus manos; sabor salado en la comisura de tus labios. Secos.