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Duermes una tonelada de tiempo. De lado. Te pesa el pecho. Entra comunicación de Berta, te sientas en la cama para contestar.

Ayer fue mágico, Cero, aún tengo chispas en los ojos y brillo en los labios. Tenemos que repetirlo. 

Eso dice.

No lo esperabas. No esperabas que el éxito de ayer forzase una repetición.

¿Cero? 

Sí, Berta. 

¿Qué pasa?

¿Repetirlo, cuándo?

Temes que no salga igual, que se estropee. Ayer salió, pero la próxima vez quién sabe; incluso aunque vaya igual, supondrá seguir haciéndolo. ¿Así hasta cuándo? Sientes vértigo, ¿cuánto tiempo puede ir bien? Te resulta insostenible. No quieres repetir.

No estoy seguro, Berta. ¿No te gustó? porque a mí sí, a pesar de que fue la primera vez, todo cambio lleva su tiempo. Sí, claro que me gustó, Berta. ¿Entonces? No sé, pero no me apetece. Tengo que decirte algo, Cero, yo no quiero una relación solo virtual; si necesitas tiempo, genial, pero quiero que sepas eso, que no puedo quedarme así, no quiero conformarme. Joder Berta, me estás presionando. Quiero que conozcas mis límites. Ya, Berta, pero es que acabo de hacer lo que tú querías; dame un respiro, es que no sé, de verdad que no sé SI NUNCA VAS A TENER SUFICIENT/

Corta. 

Berta ha cortado la comunicación. Ha vuelto a hacerlo. 

Pero esta vez es distinto, te alegras de no tener que seguir hablando con ella, te alegras de que haya cortado porque te sentías perdido y no sabías qué decir y estabas levantando la voz y con ello la culpa y la frustración. Te duele la cabeza, te falta oxígeno.

Pasan minutos. De sopor. De tiempo ralentizado. 

Te gustaría una vida en la que no te lo jugases todo a una, en la que pudieses practicar y tuvieses la posibilidad de probar alternativas. Mierda de vida ésta.

Lloras sin lágrimas. Lloras desconsolado y no quieres dejar de hacerlo. Lloras con la cara distorsionada y el dolor en las sienes. En silencio. Tu cabeza es una congestión que ni puedes ni quieres despejar, te abandonas al lloro y al encuentro con la tristeza.