25F

Todo ha muerto. Hay cadáveres en la orilla y también los hay sumergidos o flotando, hinchados; el cuerpo de Berta, muerta a tu lado, es hermoso. Reposa en postura de haberse quedado dormida como por descuido, ahí tumbada junto al unicornio que yace, como tantos otros, tirada en el suelo. Todos muertos, todo muerto, plantas, flores y árboles; el agua que no se ha evaporado huele a podrido, el aire arrastra la inequívoca podredumbre de ese sabor penetrante que produce la corrupción orgánica. No hay alimento ni ser vivo, más que tú.
Ya.

—Ha sido duro —te dice Berta.

—Estabas muerta.

—En mi experiencia eras tú el muerto. Tú y todos, claro.

—Qué sensación tan extraña. Por mucho que supiese que era un juego…

—Me ha interesado eso de ser la única persona viva y saberse condenado.

—Esa necesidad de los otros, ¿no?

—Más que necesidad, conexión. Esa conexión que existe entre los que estamos vivos. La he sentido, he podido sentir su ausencia. ¿Quieres probar de nuevo o seguimos?